Quiero leer autoras, y es toda una aventura

Al principio, tomé la decisión de leer más autoras sólo por el hecho de que tenía demasiado pocas en mi biblioteca. Pero para leer autoras hay que querer, hay que hacer un esfuerzo y lanzarse a la aventura. Así es que, poco a poco, le fui agarrando el gusto a esta odisea literaria, esta búsqueda del tesoro, que significa leer mujeres.

Conocer los nombres de las autoras que dejaron (o están dejando) su huella en la literatura, buscar en google "narrativa femenina" o leer una lista de títulos feministas es muy fácil. Pero ir a la librería y encontrarlas es otra cosa muy distinta. Cuando uno entra al Yenny de Mendoza, el único mostrador donde hay abundancia de mujeres es el de juvenil, al fondo a la derecha. El de novedades, que te intercepta justo en la entrada, tiene por lo general un mayor porcentaje de hombres. A la derecha está el de best-sellers: un 70%-30%, como el fernet bien preparado. Obvio que el fernet somos nosotras.

Pero mis secciones preferidas son las estanterías de las paredes. Ahí siempre están los libros olvidados, los que no se venden en masa. Los muy baratos, los demasiado caros, los clásicos y los que fueron novedad hace pocos años. En esas estanterías, por lo general, hay más mujeres.

Así, encontré ediciones bastante económicas de Frankenstein, de Mary Shelley, de Persuasión, de Jane Austen y de La mujer rota, de Simone de Beauvoir.

Pero sin contar esos libros, casi todos los que he conseguido en librerías por lo general eran el último libro que quedaba de esa autora. La excepción fue Las chicas, de Emma Cline, que es una novela que está en boca de todos, y, por supuesto, la mayoría de libros juveniles. Pero cuando encontré Suite Francesa, de Irène Némirovsky en su edición de bolsillo, fue como descubrir El Dorado. También me sorprendió mucho ver algunos libros de Amélie Nothomb, aunque sabía que Anagrama los estaba sacando.

Hay otros libros que directamente no se distribuyen en Argentina y que tuve que comprar por internet: Milk and Honey, de Rupi Kaur, un libro feminista de poesía moderna; Justicia Auxiliar, de Ann Leckie, una novela de ciencia ficción que ha arrasado en todos los premios del género; Americanah, de Chimamanda Ngoci Adichie, una historia sobre la identidad y el racismo en Estados Unidos; y Nada, de Carmen Laforet, una obra cumbre de la literatura española del siglo XX.

Sin embargo, mi Santo Grial literario es Distancia de rescate, de Samanta Schweblin. Es imposible conseguir ese libro. Hace al menos cuatro meses que estoy buscándolo en diversas librerías, y nunca hay stock. Las excusas son diversas: "nos mandan pocos ejemplares", "la editorial lo sacó del mercado", "se venden demasiado rápido", "hace pocos días se llevaron el último". La cuestión es que no puedo seguirle la pista, y no quiero comprarlo por internet: siento que es un libro para conseguir a la antigua, que hay que tocarlo y olerlo antes de pagarlo, y leerlo doblando sus hojas y subrayando. No aceptaré menos.

¿Por qué es tan especial? Primero, por lo que me está costando conseguirlo. Escuché sobre él en un podcast el año pasado, y me entusiasmé tanto que desde ese momento me propuse leerlo. Las premisas que propone, la historia en que se centra, y el estilo narrativo me llaman mucho la atención. Además, Samanta Schweblin es una autora argentina poco nombrada en mis círculos literarios. ¿Por qué es poco nombrada, si ha ganado tantos premios? Yo quiero nombrarla. Quiero que la conozcan.

Y, por último, está la sinopsis:
Extraordinaria primera novela de Samanta Schewblin. Hipnótica, incómoda y atrapante.
El campo ha cambiado frente a nuestros ojos sin que nadie se diera cuenta. Y quizá no se trate solo de sequías y herbicidas, quizá se trate del hilo vital y filoso que nos ata a nuestros hijos, y del veneno que echamos sobre ellos. Nada es un cliché cuando finalmente sucede.
Distancia de rescate sigue esta vertiginosa fatalidad haciéndose siempre las mismas preguntas: ¿Hay acaso algún apocalipsis que no sea personal? ¿Cuál es el punto exacto en el que, sin saberlo, se da el paso en falso que finalmente nos condena?
Samanta Schweblin ha escrito un relato extraordinario e hipnótico, urgente y perdurable, que logra mantenernos inevitablemente atrapados y sumergirnos en un universo ficcional estremecedor.
¿No los llena de intriga esta propuesta? A mí me parece fascinante.

Y ustedes, ¿tienen un Santo Grial literario?
¿Hubo algún libro que les haya costado horrores conseguir?
¡Cuéntenme en los comentarios!

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1 comentarios

  1. ¡Hola! ¡Hermosa entrada! Y varios libros y autoras que nombrás no los conocía, como Samanta Schweblin, así que ya me generaste a mí también la necesidad de leer ese libro. Te cuento que mucho tiempo busqué La vida de Charlotte Bronté, de Elizabeth Gaskell, y por suerte lo conseguí en Busca libros, me lo enviaron, aunque tardó como 1 mes en llegar. Imaginate la ansiedad. Me gustaría sumar a tu lista de mujeres por leer, si es que no la leíste ya, a Marguerite Duras. Es una autora que me encanta y es distinta a todo. Uno de sus libros más conocidos es El amante. También amo a las hermanas Brontë, a Alejandra Pizarnik y a Virginia Woolf. ¡Te dejo un beso y espero te guste alguna de mis recomendadas!

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