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¡Hola a todos! Estos días me está costando un poco tener al día el blog porque pasé de tener una o dos actividades por semana a tener MIL así que ni siquiera estoy encontrando tiempo para estudiar. Uso los tiempos muertos, como los viajes en colectivo, para leer y comentar otros blogs, pero es poco y nada lo que puedo hacer en el mío. Sin embargo, acá estoy, sacrificando mi siesta en pos de mantener vivo a este rinconcito impinchable *emoji del bracito haciendo fuerza*


Hablando del tema que nos reúne el día de hoy (?), hace tiempo que vengo pensando en qué nuevas autoras quiero conocer y a cuáles quiero volver luego de haberlas leído hace tantos años. Han surgido cientos de nombres en mi proceso de investigación por internet, pero son pocos los ejemplares físicos que he podido encontrar de estas autoras por mi ciudad. Por eso, últimamente mi TBR se ha puesto un poco difuso, ya que nunca sé qué encontraré para leer a continuación. Pero acá les dejo un pequeño top 5 de las escritoras que más ansias tengo por conocer a través de sus obras, y que no descansaré hasta conseguirlas:

5. Svetlana Alexiévich

Ganadora del Premio Nóbel de Literatura, Sevtlana ha escrito maravillas como La guerra no tiene rostro de mujer y Voces de Chérnobil. Sus libros hablan de la cruda realidad del siglo XX y reflexionan sobre las consecuencias de la guerra. Tengo muchísimas ganas de leer lo que tiene para contar, aunque probablemente deba dejarla para más adelante porque presiento que, lo que sea que cuente, no será bonito ni fácil.

4) Virginia Woolf

No sé cuáles son las razones que me han llevado a seguir procrastinando a esta autora. Sé que me gustará, e incluso sé que tiene miles de libros súper variados para leer, pero hay algo que me frena o que siempre se interpone en mi camino y termino agarrando otros libros (aunque siempre escritos por mujeres, en eso me he mantenido firme y no he roto mi promesa). Pero Virginia, no desesperes: en mi Kindle ya están esperándome Una habitación propia y La señora Dalloway, listos para ser leídos.

3) Nelle Harper Lee

No saben qué alivio y alegría cuando descubrí que Matar a un ruiseñor estaba escrito por una mujer. Porque cuando leía en la portada que el autor era Harper Lee, lo último que me iba a imaginar era eso. ¿Será otro de esos casos en los que la autora tiene que disfrazar su nombre para que las editoriales crean que es un hombre, y así la publiquen? No lo sé. El caso es que con mucha alegría agregué este famoso clásico a mi lista de pendientes, y espero poder leerlo pronto.

2) Úrsula K. Le Guin

Tengo más ganas de leer las famosas Historias de Terramar que de vivir, con esto les digo todo. Úrsula es de esas autoras que me cautivaron en cuanto las conocí. Mi único impedimento para empezar a leerla es que actualmente estoy con tres libros al mismo tiempo, pero ganas no me faltan. Amo la fantasía, y el universo que ha creado esta autora parece hecho a medida para mí. No puedo controlar el hype, así que mejor lo dejo acá. Me acabo de dar cuenta de que tengo mis expectativas altísimas D: Espero que no me decepcione.

1) Margaret Atwood

En realidad, esta viene con trampa, porque ya empecé a leer El cuento de la criada y me está encantando. Voy a pasitos de caracol, como ya les dije, no tengo casi nada de tiempo para leer ni escribir ni básicamente nada. Pero cada capítulo me deja con ganas de más, y más de una vez me he quedado dormida con el Kindle prendido (horror cuando al día siguiente quiero llevármelo para leer en el camino y no lo encuentro, cuando resulta que está perdido entre las sábanas). Todo el estilo de este libro me recuerda muchísimo a los grandes clásicos distópicos, pero no porque beba de ellos, sino porque plantea un universo que perfectamente podría existir a la par del de Farenheit 452. Pero me gusta mucho más que Farenheit, porque lo siento más real y crudo. Además, la realidad que plantea tiene un pasado, un presente y un futuro claros. Poco a poco me voy haciendo fan.


Y ustedes, ¿han leído alguna de estas autoras?
¿Qué opinan de ellas?
¡Cuéntenme en los comentarios!

Título original: Ancillary Justice
Autora: Ann Leckie
Saga: Trilogía del Radch #1
Editorial: Ediciones B, para el sello Nova
Premios: Hugo, Nebula, Arthur C. Clarke, Locus y B.S.F.A.
Sinopsis: En un planeta helado y remoto, una soldado llamada Breq se está acercando al cumplimiento de su misión. En el pasado, Breq era Justicia de Toren, una crucero de batalla colosal con una inteligencia artificial que conectaba a miles de soldados que servían al Radch, el imperio que había conquistado la galaxia. Ahora, un acto de traición la ha hecho pedazos y solo cuenta con un único y frágil cuerpo humano, numerosas preguntas sin responder y un ardiente deseo de venganza.




Creo que, antes de comenzar con la reseña, voy a tener que explicar un poco este libro porque la sinopsis es tremendamente confusa.

Para empezar, Breq, nuestra protagonista, no es un ser humano: es una Inteligencia Artificial (IA) que ha vivido millones de años. Como tal, solía controlar un enorme crucero de batalla, es decir, una nave espacial, llamada Justicia de Toren. Digo "controlar" a falta de una palabra mejor para expresarlo, pero quiero que se entienda: así como vos y yo controlamos nuestro cuerpo pero al mismo tiempo somos cuerpos, ella controlaba y era la nave.


Sin embargo, en esta novela la existencia de las IA no se limita a su condición física de nave. Éstas están conectadas a Auxiliares, que son cuerpos humanos desprovistos de su conciencia original y habitados por la IA a través de prótesis colocadas en sus cerebros.

Así, la Justicia de Toren es una especie de conciencia fragmentada, con miles de cuerpos (es decir, miles de Auxiliares) ubicados en diferentes puntos de una órbita planetaria. Mientras la nave en sí puede estar orbitando un planeta, cientos de sus auxiliares se encuentran caminando sobre él, otros cientos dentro de la misma nave y unos cuantos más podrían estar por ahí, volando en otras navecitas de carga más pequeñas.

Además de esto, las naves tienen un conocimiento casi total de lo que le ocurre a los seres humanos a su alrededor (o en su interior). Pueden adivinar cómo se sienten y hasta lo que piensan a partir de los datos de su estado corporal (temperatura, hormonas, contracciones musculares, etc.). Por eso, la Justicia de Toren puede ser al mismo tiempo una narradora en primera persona, testigo y omnisciente.

She's watching us!
Explicado esto, podemos volver al punto de inicio de la novela. La Justicia de Toren ha sido destruida, y Breq (un cuerpo auxiliar de la nave) es lo único que queda de ella. Como personaje, Breq es un ser melancólico y frívolo, colmado por la añoranza de su antigua omnisciencia. Se encuentra a cientos de miles de kilómetros de su antiguo hogar, el Radch, y lo único que la mantiene viva es su deseo de venganza.

A medida que avanza la novela, se nos van destapando poco a poco los diferentes aspectos de un universo que podría estar cientos de miles de años adelantado al nuestro. El ritmo es necesariamente lento, ya que hay tantas diferencias entre la cultura de Breq y cualquiera que conozcamos en la actualidad que, si fuera demasiado rápido, sería extremadamente fácil perderse.

De hecho, yo misma me estoy perdiendo en explicarlo. Así que mejor saltémonos esa parte y vamos a lo interesante: ¿de qué trata la novela?


Justicia Auxiliar nos cuenta la historia de cómo Breq logró dar un primer paso hacia su venganza, una venganza para nada fácil, ya que pretende asesinar a la mismísima Lord del Radch, Anaander Mianaai. El problema es que Anaander Mianaai no es un ser humano, es también una IA, y la más poderosa de todas, ya que está conformada por cientos de naves y millones de auxiliares. Exacto: en este universo, los seres humanos hemos perdido el comando de nuestra propia sociedad. Ahora nuestra líder es una máquina. ¿Cómo matarla? ¿Cómo generar una diferencia?

En esta novela, Breq emprenderá el viaje que la llevará a rozar, tal vez quebrar un poco, una de las uñas de los largos dedos de la todopoderosa Lord del Radch. Y sólo con esto, espera plantar la semilla de la revolución.

Hasta la primera mitad del libro, la historia se desarrolla en dos líneas temporales diferentes: la actual, donde Breq planea su venganza, y la pasada, donde descubriremos cómo llegó hasta este punto y comprenderemos mejor sus acciones. No les miento si les digo que al principio leerlo puede ser muy confuso, ya que el libro te arroja en este universo completamente distinto sin mediar explicaciones, y la historia comienza sin más. Es de esos libros que no dicen, sino que muestran. Y si Ann Leckie se pusiera a explicar los motivos de cada nueva costumbre o excentricidad de la cultura del Radch, este libro tendría mil páginas en lugar de 400. Por esto es que quedan miles de preguntas en el aire, cosas que son consideradas sin importancia hasta para los propios personajes. Por ejemplo, en un momento se le pregunta a la protagonista cuál es el planeta origen de la especie humana, y ella contesta que, de seguir existiendo, en todo caso sería irrelevante.

Otra cuestión extraña del Radch es el hecho de que tanto su lenguaje como su cultura no distingue géneros, es una sociedad que ha abolido el género. Así, en la versión original (en inglés), nunca se hace referencia a si un personaje es hombre o mujer, no aparecen nunca los "he" o los "she". En la versión en español, excelentemente traducida por Victoria Morera, se ha optado por usar el tratamiento en femenino para todo el mundo. De esta manera, como no estamos acostumbrados a esto, hay algo que nos está recordando todo el tiempo que ese personaje podría ser mujer o no, incluso cuando, por ejemplo, se nos lo describe con bigote, porque ¿quién dice que una mujer no puede tenerlo?

Respecto a los temas que trata esta novela, hay sencillamente demasiados. Habla mucho sobre la identidad y sobre la patria, pero no de una manera aburrida o pretenciosa: Breq se siente desarraigada de sí misma pero también de su hogar, y esto la lleva a cuestionarse fuertemente su identidad, sus acciones y su forma de pensar. Además, aparecen fuertes críticas a las desigualdades sociales y la tiranía de los gobiernos, y discusiones sobre la autoconsciencia, el espíritu, el devenir y las causas y consecuencias de las propias acciones. Es una novela profunda que habla de muchas cosas, y todas están bastante bien tratadas.

En conclusión, Justicia Auxiliar es un libro para saborear de a poco, digiriendo lentamente cada capítulo. La complejidad de la trama, los personajes y el universo en el que se desarrolla la convierten en una novela magistral, digna de todos los premios que ha cosechado. Yo, por mi parte, estoy ansiosa por leer la segunda parte para saber cómo continúa la historia.

Puntuación:
¿Quizá la identidad de cualquiera consiste en fragmentos que se mantienen unidos gracias a un historia que resulta útil o conveniente y que, en circunstancias normales, nunca se revela como ficticia? Y, por otro lado, ¿esa historia es realmente una obra de ficción?
-Ann Leckie, Justicia Auxiliar
Al principio, tomé la decisión de leer más autoras sólo por el hecho de que tenía demasiado pocas en mi biblioteca. Pero para leer autoras hay que querer, hay que hacer un esfuerzo y lanzarse a la aventura. Así es que, poco a poco, le fui agarrando el gusto a esta odisea literaria, esta búsqueda del tesoro, que significa leer mujeres.

Conocer los nombres de las autoras que dejaron (o están dejando) su huella en la literatura, buscar en google "narrativa femenina" o leer una lista de títulos feministas es muy fácil. Pero ir a la librería y encontrarlas es otra cosa muy distinta. Cuando uno entra al Yenny de Mendoza, el único mostrador donde hay abundancia de mujeres es el de juvenil, al fondo a la derecha. El de novedades, que te intercepta justo en la entrada, tiene por lo general un mayor porcentaje de hombres. A la derecha está el de best-sellers: un 70%-30%, como el fernet bien preparado. Obvio que el fernet somos nosotras.

Pero mis secciones preferidas son las estanterías de las paredes. Ahí siempre están los libros olvidados, los que no se venden en masa. Los muy baratos, los demasiado caros, los clásicos y los que fueron novedad hace pocos años. En esas estanterías, por lo general, hay más mujeres.

Así, encontré ediciones bastante económicas de Frankenstein, de Mary Shelley, de Persuasión, de Jane Austen y de La mujer rota, de Simone de Beauvoir.

Pero sin contar esos libros, casi todos los que he conseguido en librerías por lo general eran el último libro que quedaba de esa autora. La excepción fue Las chicas, de Emma Cline, que es una novela que está en boca de todos, y, por supuesto, la mayoría de libros juveniles. Pero cuando encontré Suite Francesa, de Irène Némirovsky en su edición de bolsillo, fue como descubrir El Dorado. También me sorprendió mucho ver algunos libros de Amélie Nothomb, aunque sabía que Anagrama los estaba sacando.

Hay otros libros que directamente no se distribuyen en Argentina y que tuve que comprar por internet: Milk and Honey, de Rupi Kaur, un libro feminista de poesía moderna; Justicia Auxiliar, de Ann Leckie, una novela de ciencia ficción que ha arrasado en todos los premios del género; Americanah, de Chimamanda Ngoci Adichie, una historia sobre la identidad y el racismo en Estados Unidos; y Nada, de Carmen Laforet, una obra cumbre de la literatura española del siglo XX.

Sin embargo, mi Santo Grial literario es Distancia de rescate, de Samanta Schweblin. Es imposible conseguir ese libro. Hace al menos cuatro meses que estoy buscándolo en diversas librerías, y nunca hay stock. Las excusas son diversas: "nos mandan pocos ejemplares", "la editorial lo sacó del mercado", "se venden demasiado rápido", "hace pocos días se llevaron el último". La cuestión es que no puedo seguirle la pista, y no quiero comprarlo por internet: siento que es un libro para conseguir a la antigua, que hay que tocarlo y olerlo antes de pagarlo, y leerlo doblando sus hojas y subrayando. No aceptaré menos.

¿Por qué es tan especial? Primero, por lo que me está costando conseguirlo. Escuché sobre él en un podcast el año pasado, y me entusiasmé tanto que desde ese momento me propuse leerlo. Las premisas que propone, la historia en que se centra, y el estilo narrativo me llaman mucho la atención. Además, Samanta Schweblin es una autora argentina poco nombrada en mis círculos literarios. ¿Por qué es poco nombrada, si ha ganado tantos premios? Yo quiero nombrarla. Quiero que la conozcan.

Y, por último, está la sinopsis:
Extraordinaria primera novela de Samanta Schewblin. Hipnótica, incómoda y atrapante.
El campo ha cambiado frente a nuestros ojos sin que nadie se diera cuenta. Y quizá no se trate solo de sequías y herbicidas, quizá se trate del hilo vital y filoso que nos ata a nuestros hijos, y del veneno que echamos sobre ellos. Nada es un cliché cuando finalmente sucede.
Distancia de rescate sigue esta vertiginosa fatalidad haciéndose siempre las mismas preguntas: ¿Hay acaso algún apocalipsis que no sea personal? ¿Cuál es el punto exacto en el que, sin saberlo, se da el paso en falso que finalmente nos condena?
Samanta Schweblin ha escrito un relato extraordinario e hipnótico, urgente y perdurable, que logra mantenernos inevitablemente atrapados y sumergirnos en un universo ficcional estremecedor.
¿No los llena de intriga esta propuesta? A mí me parece fascinante.

Y ustedes, ¿tienen un Santo Grial literario?
¿Hubo algún libro que les haya costado horrores conseguir?
¡Cuéntenme en los comentarios!
En esta trepidante y adictiva novela, una exagente que huye de la organización en la que trabajaba deberá aceptar un último caso para limpiar su nombre y salvar su vida.

Antes trabajaba para el gobierno de Estados Unidos, aunque casi nadie lo sabía. Como experta en su campo, era uno de los secretos más oscuros de una agencia tan clandestina que ni siquiera tiene nombre. Hasta que la consideraron un lastre, y fueron a por ella sin avisar.

Ahora rara vez se queda en el mismo lugar o utiliza el mismo nombre durante mucho tiempo. Ya han matado a la única persona en quien confiaba, pero sabe algo que sigue suponiendo una amenaza. La quieren muerta, y pronto.

Cuando su antiguo jefe le ofrece una salida, comprende que será su única oportunidad de borrar la enorme diana que lleva dibujada en la espalda. Pero eso implica aceptar un último encargo. Y, para su horror, la información que consigue vuelve aún más peligrosa la situación.

Decidida a afrontar el desafío cara a cara, empieza a prepararse para la peor pelea de su vida, mientras se da cuenta de que se está enamorando de un hombre que solo puede complicar sus posibilidades de supervivencia. Ahora que sus opciones menguan a marchas forzadas, deberá aplicar su especial talento de formas en las que nunca antes habría soñado.
*suspira*
Bueno, chicos... volvió Meyer.


La Química, como nos dice la sinopsis, cuenta la historia de cómo una exagente de un departamento ultra secreto del gobierno estadounidense (es tan ultrasecreto que no tiene nombre) debe huir luego de que los grandes mandos comienzan a considerarla peligrosa por lo que sabe, e intentan asesinarla.

Al principio del libro, Meyer nos muestra cómo esta mujer (que tiene un nombre diferente en cada capítulo, así que por motivos prácticos de ahora en adelante la llamaré Alex) ha logrado burlar durante tres años al gobierno, que ya ha intentado asesinarla (y fallado) tres veces. Alex tiene una personalidad práctica, persistente, perfeccionista y obsesiva, con el toque adecuado de paranoia, dadas las circunstancias. Es, además, médica, y lo que solía hacer en el gobierno no era exactamente curar a los soldados heridos.

Por si no lo habían imaginado, se los digo: Alex era una interrogadora, que es una manera bonita de decir que torturaba a la gente para sacarle información. Además, se dedicaba a la investigación para encontrar formas más refinadas y sutiles de hacer que una persona confesara la verdad. Entonces podemos decir que era una experta en química, de ahí el título del libro.

La historia hasta acá venía bien: tenía intriga, suspenso, una protagonista interesante y algunos plot-twist un poco predecibles, pero decentes.

Pero entonces, aparece el hombre más irritante del planeta.


Daniel es la persona más bonachona que existe, tanto, que ya resulta poco creíble. Y lo peor de todo es que, al cruzarse con Alex, la historia pierde ritmo y el personaje de ella se vuelve cada vez menos interesante. Lo que en un principio parecía una de esas novelas donde no podés parar de leer y de formular teorías a medida que lo haces, terminó convirtiéndose en una especie de historia country de carretera, llena de escenas cursis, viajes en auto y perros, muchos perros. Ah, y por supuesto: instalove.

Si bien hay varios momentos en los que la tensión sube y la acción se pone en marcha, hay muchos puntos muertos en la novela, que le sirven a Meyer para hacer avanzar la historia de amor. El problema es que NO ME IMPORTA LA HISTORIA DE AMOR, sinceramente. No soporto cómo el interés amoroso vuelve más lenta a Alex, menos perfeccionista, menos alerta, más arriesgada. Y me molesta mucho también que eso no tenga consecuencias. Es decir, en los primeros capítulos parecía que no podía ni tirarse un pedo porque el Estado podía identificarla por su olor, y de repente, solo porque está con él, se permite irse a dormir sin establecer ninguna de sus medidas habituales de seguridad, ¡y no pasa nada! Todo sale bien.


Lo único que no sale bien, por supuesto, es lo que ya te esperas que no salga bien. Daniel comete errores garrafales, que me dan ganas de revolearle algo por la cabeza, y nadie se enoja, todos dicen pobre Daniel, ¡ni siquiera se molestan en explicarle cómo funcionan las cosas para que no vuelva a meter la pata! Si yo fuese Alex, le habría gritado unas cuantas cosas.

(Si se preguntan por qué hablo en plural, es porque a lo largo de la novela se van incorporando personajes al team, pero no quiero spoilear diciendo quiénes son)

Los personajes en general son bastante unidimensionales, aunque pueden apreciarse algunos matices, sobre todo en Alex. Pero siempre está claro quién es la inteligente, el bonachón, la sexy y el valiente. Y obviamente quién terminará con quién. Además, todos son quienes dicen ser: no hay identidades ocultas, ni trampas, ni traiciones. En ese sentido, casi no hay sorpresas en este libro que supuestamente es un thriller.


El punto fuerte de esta novela, y que me empujó a terminarla, es el estilo de Meyer. Hay que reconocerlo: tiene una manera de contar historias que atrapa, aunque te esté contando el avance de un caracol en el asfalto. Sabe cómo narrar una escena de acción, y sabe cómo derretirte de ternura en una escena romántica. Sus palabras hipnotizan y hacen avanzar la historia fluidamente, añadiendo un poco de tensión en los puntos muertos para que no se vuelvan tan aburridos, y escondiendo la suficiente información en los picos de acción para mantener el suspenso.

En conclusión: La Química resultó ser una mala historia, pero contada de maravilla. La disfruté, pero tiene muchas fallas, cosas que Meyer arrastra desde Crepúsculo y no ha mostrado mucha mejoría. Por momentos mantiene un ritmo trepidante para luego decaer en puntos muertos donde nada ocurre, y lo mismo pasa con los personajes: parecen tener un potencial enorme que a veces es aprovechado, y otras veces desaparece.

Decidí abrir esta nueva sección en mis reseñas para poder reflexionar respecto a este tema. Probablemente no aparezca en todos los libros que reseñe, sino sólo en los que me parezca que el tema es relevante. Y la verdad es que La Química me rompió bastante mis ovarios violetas.

A ver. Es que hay cosas que me superan. Necesito citarlo, porque no sé cómo contarlo sin tirar las buenas formas por el inodoro:
"La cercanía de (él) la confundió,  pero no la asustó como habría ocurrido con casi cualquier otra persona del planeta. (...) Sin embargo, no comprendía lo que estaba haciendo, ni siquiera cuando (él) bajó lentamente la cara hacia la suya y empezó a cerrar los ojos. Ni se le ocurrió que estaba a punto de besarla hasta que sus labios entreabiertos estuvieron solo a un suspiro de los de ella.
Comprenderlo la sobresaltó (...) Se agachó por debajo del brazo de (él) para liberarse. Se alejó unos metros con rápidas zancadas y dio media vuelta para encararse hacia el origen de la alarma, medio acuclillándose en actitud de combate. (...)
(Él) Volvió a acercarse a ella y Alex se obligó a no retroceder. Confundida o no, sabía que su reacción exagerada y salvaje había sido de mala educación. No quería herir sus sentimientos." 
Quiero que presten atención a esa última frase. ¿Alguien dijo consentimiento? Es claro que ella no está preparado para besarlo. Es más, hasta el momento ni siquiera se lo había planteado, y no sé si soy yo o qué, pero la tensión romántica entre ellos no había crecido lo suficiente en ese momento.

Pero aunque la tensión hubiese estado por las nubes: ella claramente no está preparada para besarlo. Sin embargo, rechazarlo es "de mala educación" y ella "no quiere herir sus sentimientos". ¿En qué mundo vivimos? ¿Por qué no es él quien se plantea esperar, en nombre de la buena educación? ¿Por qué es ella quien debe forzarse a besarlo, a pesar de no sentirse cómoda con ello?

Esto no es una crítica a Meyer como autora. Aunque está claro que este pasaje es sumamente machista, no creo que ella se haya dado cuenta, porque se nota que ha puesto mucho esfuerzo en crear una protagonista femenina fuerte y dueña de su vida. Sin embargo, es importante señalar estos micromachismos porque dan cuenta de la forma en que hemos sido criadas: debemos caer bien, debemos ser buenas, debemos tolerar cosas para no herir los sentimientos de los demás. Y ellos no pueden esperar, sería de mala educación hacerlos esperar.

Otra cuestión que me llamó la atención es que Alex se menosprecia muchísimo en cuestiones de sexo y amor. Si bien ha tenido relaciones sentimentales/sexuales con otros hombres, está convencida de que ellos siempre la han elegido porque no había ninguna otra mujer cerca. No comprende que alguien pueda querer estar con ella, y esto refleja una inseguridad que me pareció impropia del personaje, a la vez que encajaba con el cliché de "es exitosa pero infeliz por no estar en pareja". Por un lado, Alex confía únicamente en sí misma, es sumamente inteligente y se sabe capaz, mientras que por otro, no se considera "suficiente" para atraer a un hombre. ¿Es eso coherente? Yo la verdad es que creo que no.

¿Por qué esa necesidad de Meyer de poner a las mujeres como las inseguras de la relación? ¿Por qué necesita ponerlas en esa situación de embelez para con sus parejas? La verdad es que irrita mucho, y no encaja con el personaje que había creado hasta el momento. Alex se muestra, ante todo, pragmática. Y no me creo que un simple enamoramiento pueda hacerla perder esa característica tan férrea de su personalidad, sobre todo cuando eso implicaría poner en riesgo su vida y la de él.

En fin, yo no voy a decirle a la autora cómo construir sus personajes. Sin embargo, da que pensar que las inseguridades de Alex estén justo donde los estereotipos lo indican. Como si una mujer enfocada en su trabajo tuviese que ser siempre insegura o infeliz, como si la falta de pareja la hiciera incompleta. Simplemente no me cuadra.


En fin, chicos, hasta acá la reseña.
¿Ustedes qué piensan? ¿Han leído el libro? ¿Les gustaría leerlo?
¡Díganme en los comentarios!

Con frecuencia, cuando una mujer escribe una buena novela realista, con una historia conmovedora y personajes bien construidos, se suele sospechar que es autobiográfica. Por H o por B, parece que una mujer no puede escribir bien algo sin tener bases firmes de las que "copiar", como si no fuéramos capaces de imaginar situaciones y personajes diversos y de trabajarlos bien, dándoles profundidad.

Así que en esta entrada voy a hablarles de algunas novelas escritas por autoras que sí son autobiográficas, y otras que las autoras han confirmado una y otra vez que no lo son, frente a las preguntas insistentes de la gente sobre este tema. Después, voy a hablar de algunas novelas que se sospecha que tienen matices autobiográficos, pero la autora murió antes de poder confirmarlo, por lo que deberíamos darle el beneficio de la duda (cosa que muchas veces no se respeta).

Aclaro que no he leído casi ninguna de estas novelas, por lo que no voy a hacer ninguna valoración personal sobre ellas. Así que vamos a ello.


Amélie Nothomb es famosa contar su vida en forma de novela, con un estilo divertido y entretenido que atrapa desde la primera página. Que yo sepa, no ha escrito nunca una novela que cuente toda su historia, sino que va sacando pequeños libros narrando diferentes episodios que han sido significativos para ella.

Nadie puede negar que la vida de esta mujer es interesante, y más que digna de ser contada. Nacida en Japón pero de nacionalidad belga, Nothomb es una especie de ciudadana del mundo, ya que ha vivido en infinidad de países acompañando a su padre, quien se veía obligado a viajar por trabajo. Cabe esperar que la visión de la vida y del mundo de una persona que ha crecido de esta manera sea muy diferente de la nuestra, y eso se refleja en la forma que tiene Nothomb de contar sus historias: desapegada, espontánea y divertida.

En Ni de Eva ni de Adán (novela que estaba leyendo en mi Kindle, hasta que mi hermano me la robó por engancharse con El dios asesinado en el servicio de caballeros) Nothomb nos cuenta su apasionada historia con Rinri, un chico japonés que la contrata como profesora de francés luego de ver su anuncio en Tokio. Amélie acababa de llegar y necesitaba mejorar su japonés y a la vez dedicarse a algo que le permitiera ganar algunos yenes. Así, decidió que (cito la primera frase del libro) "enseñar francés sería el método más eficaz para aprender japonés", y se anunció como profesora. Rinri será el primero en contratarla, y entre ellos nacerá algo mucho más grande y magnético que una simple relación de alumno-profesora.

Sólo he leído los primeros capítulos de este libro, y debo decir que por ahora va cumpliendo con lo que promete.


Isabel Allende escribió dos libros autobiográficos: Mi país inventado y Paula. El primero, cuya portada en Argentina es la que se ve a la izquierda, es un libro de memorias sobre su infancia y su juventud. Voy a dejarles la sinopsis que aparece en la página de la autora, porque yo no podría expresarlo mejor:
Mi país inventado es un libro de memorias, en el cual la verdad es definitivamente más extraña que la ficción. Explorando los acontecimientos de su vida y los del país en el que vivió hasta el asesinato de su primo, el presidente Salvador Allende, durante el golpe militar de Pinochet, Allende nos lleva en un recorrido muy personal a través de su tierra natal, a la que le da vida. Aquí es donde su abuelo vio al diablo en un autobús, reconociéndolo por sus “pezuñas verdes como un macho cabrío”, y a su tía abuela le brotaron alas. Es un lugar de amuletos de amor, fantasmas y continuas peleas de familia.
Los retratos de su familia y amigos se disputan con vívidas descripciones de las costumbres y creencias del lugar, y a pesar de todo, la figura indomable de la joven Isabel camina con decisión . Rebelde y apasionada, una feminista mucho antes de saber lo que era el feminismo, su amor por (y aveces desesperación con) Chile es infundido en todo el texto. Sus experiencias se transforman en una lectura inolvidable, a menudo delirante, que ningún admirador de la escritura de Allende se querrá perder.

El segundo libro, Paula, es un relato epistolar que sobre la historia familiar de la autora, quien lo fue escribiendo en los meses en que su hija, luego de una larga enfermedad, cayó en coma durante varios meses. Una vez más, les dejo la sinopsis de la página de la autora, que lo explica mucho mejor que yo:
Paula es un libro de memorias que deja el alma al descubierto, como una novela de suspenso, que se lee sin respirar. El punto de partida de estas páginas conmovedoras es una trágica experiencia personal. En diciembre de 1991, Paula, la hija de Isabel Allende, enfermó gravemente y poco después cayó en un coma. Durante meses en el hospital, la autora comenzó a escribir la historia de su familia para su hija que permanecía inconsciente. En el relato, los extraños antepasados aparecen ante nuestros ojos, escuchamos ambos deliciosos y amargos recuerdos de la infancia, anécdotas increíbles de la juventud, los secretos más íntimos que han sido pasados en voz baja. Chile, el país natal de Allende, también cobra vida con la turbulenta historia del golpe militar de 1973, la dictadura que siguió, y los años de exilio de su familia.
Escrita como un exorcismo de la muerte; Allende explora el pasado y cuestiona a los dioses. El resultado es un libro mágico que lleva al lector del llanto a la risa, del terror a la sensualidad y a la sabiduría. Los gloriosos personajes de la ficción de Allende: clarividentes, revolucionarios, y, sobre todo, la mujer inquisitiva que avanza a través de la narración, pueblan esta autobiografía, que se establece como uno de los mejores trabajos de Allende. En Paula entendemos que el mundo milagroso de La Casa de los Espíritus y Eva Luna es el mundo que habita Isabel Allende: su realidad encantada.
Y ahora pasemos a esos libros que no son autobiográficos, y que a pesar de que sus autoras hayan afirmado en varias entrevistas que no lo son, se les sigue preguntando si la protagonista es ella, si tal situación no refleja algo que vivió en un momento de su vida, etc.


Los rumores de que esta novela de Carmen Laforet era autobiográfica eran tan fuertes e insistentes, que la escritora se vio obligada a escribir lo siguiente en la introducción de una compilación de sus novelas: "No es, como ninguna de mis novelas, autobiográfica, aunque el relato de una chica estudiante, como yo fui en Barcelona, e incluso la circunstancia de haberla colocado viviendo en una calle de esta ciudad donde yo misma he vivido, haya planteado esta cuestión más de una vez". 

Nada ganó numerosos premios en España, por el increíble reflejo de la época franquista que logra la autora con sus descripciones. Les dejo la sinopsis del libro, que lo explica mucho mejor:
Andrea llega a Barcelona para estudiar Letras. Sus ilusiones chocan, inmediatamente, con el ambiente de tensión y emociones violentas que reina en casa de su abuela. Andrea relata el contraste entre este sórdido microcosmos familiar -poblado de seres extraños y apasionantes- y la frágil cordialidad de sus relaciones universitarias, centradas en la bella y luminosa Ena. Finalmente los dos mundos convergen en un diálogo dramático.
Comparada por la crítica con Cumbres borrascosas, Nada destaca tanto por su prosa fresca y directa como por la extraordinaria sensibilidad en la recreación de una voz femenina. Cuando el libro acaba, el lector tiene la seguridad de poder encontrar, al volver la esquina, a una muchacha pálida y triste, con toda la fuerza de su juventud condensada en el mirar. Es Andrea, absorta, queriendo algo, sin saber qué. Como el resto de los protagonistas, ha nacido a la vida real por un prodigio de la creación artística. Prodigio más que suficiente para formar parte de la Historia de la Literatura.

He de confesar que luego de terminar de leer el libro de Chimamanda Ngoci Adichie hasta yo sospeché que tenía tintes autobiográficos. Sin embargo, googleé y encontré que en esta estrevista la autora lo niega repetidas veces, señalando las diferencias entre su vida y lo que ocurre en la novela. Me impresionó un poco que la pobre tuviera que dar explicaciones sobre el tema, pero en fin.

Americanah cuenta la historia de Ifemelu, una chica nigeriana que decide mudarse a Estados Unidos para poder terminar sus estudios. Todo transcurre durante una época de dictadura en Nigeria, por lo que en su país todo estaba haciéndose cada vez más difícil, así que viajar era la mejor opción.

Sin embargo, Ifemelu no está tan segura de ello y llega a Estados Unidos con el temor de olvidar sus orígenes y convertirse en una americanah, que es el término que utilizan en Nigeria para referirse a aquellos que vuelven de EEUU dándose aires de grandeza. Así, comienza la difícil tarea de encajar en el universo occidental al mismo tiempo que intenta conservar su esencia.

Los temas principales que trata la novela son la identidad, la raza y el género. Al llegar al país norteamericano, Ifemelu descubre el racismo, algo que en su país no existía. Este tema la fastidia tanto como la fascina, por lo que se dedica a escribir un blog sobre ello, lo cual le abrirá las puertas a nuevas oportunidades y la llevará a comprender mejor los matices de la sociedad norteamericana. Si quieren saber más sobre este libro, hagan click acá para ver mi reseña completa.


Y ahora vamos a hablar de dos libros presuntamente autobiográficos, pero cuyas autoras fallecieron antes de poder confirmarlo. Es un poco molesto que hasta las editoriales pongan en las portadas las caras de estas mujeres como si fueran las protagonistas, o que vendan los libros con este slogan: "Imbuida de un claro componente autobiográfico, esta novela...", ya que no está confirmado que lo sean, y si no es así, es que básicamente le están inventando una vida a esa mujer que ya no puede alzarse para desmentir nada. En fin.


Suite Francesa, de Irène Némirovsky es un conjunto de novelas que fue escrito a escondidas durante la invasión y ocupación alemana de Francia, y retrata muy fielmente el funcionamiento de la sociedad en esta época. Irène fue deportada y asesinada en los campos de concentración antes de poder terminar de escribir la serie, y sólo acabó dos de los libros que tenía planeados.

Les dejo la sinopsis de este libro, que fue la primera novela póstuma en ganar el Premio Renaudot:
Imbuida de un claro componente autobiográfico, Suite francesa se inicia en París los días previos a la invasión alemana, en un clima de incertidumbre e incredulidad. Enseguida, tras las primeras bombas, miles de familias se lanzan a las carreteras en coche, en bicicleta o a pie. Némirovsky dibuja con precisión las escenas, unas conmovedoras y otras grotescas, que se suceden en el camino: ricos burgueses angustiados, amantes abandonadas, ancianos olvidados en el viaje, los bombardeos sobre la población indefensa, las artimañas para conseguir agua, comida y gasolina. A medida que los alemanes van tomando posesión del país, se vislumbra un desmoronamiento del orden social imperante y el nacimiento de una nueva época. La presencia de los invasores despertará odios, pero también historias de amor clandestinas y públicas muestras de colaboracionismo.
Concebida como una composición en cinco partes —de las cuales la autora sólo alcanzó a escribir dos— Suite francesa combina un retrato intimista de la burguesía ilustrada con una visión implacable de la sociedad francesa durante la ocupación. Con lucidez, pero también con un desasosiego notablemente exento de sentimentalismo, Némirovsky muestra el fiel reflejo de una sociedad que ha perdido su rumbo.

Se ha dicho de La campana de cristal, de Sylvia Plath que es una novela en clave, es decir, una novela autobiográfica donde todas las situaciones y circunstancias fueron reales, pero en la que los nombres de los protagonistas y los lugares fueron cambiados por algún motivo. Sin embargo, luego de hacer una búsqueda rápida en Google (es obvio que no me voy a poner a hacer una investigación exhaustiva, porque soy blogger no historiadora literaria) no encontré ninguna confirmación de que esto fuera así, y dado que la autora se suicidó poco después de que la novela fuera publicada, nunca podremos saberlo.

Como hasta hace unas pocas horas no tenía idea de que este libro existiera, voy a hacerme a un costado y dejar que la sinopsis hable por sí sola:
Publicada inicialmente bajo seudónimo poco después del suicidio de su autora, La campana de cristal es la crónica de un año en la vida de Esther Greenwood (que viaja a Nueva York para introducirse en el mundo de la moda), el año de su depresión nerviosa y la terapia profesional siguiente, con ocasionales saltos en el tiempo hacia su época de estudiante, hasta la reintegración final de la protagonista en el mundo.
¡Y esto es todo!
¿Han leído alguno de estos libros? 
¿Qué otras novelas de este estilo me recomendarían?
¡Díganme en los comentarios!

Título: La lección de August
Autora: R.J. Palacio
Saga: Eh... sí? Hay varios spin-off, pero puede leerse en forma independiente. Sello editorial: Nube de Tinta (original), la edición de la imagen es de Colecciones Clarín
Sinopsis: Su cara lo hace distinto y él solo quiere ser uno más. Camina siempre mirando al suelo, la cabeza gacha y el flequillo tratando en vano de esconder su rostro, pero, aun así, es objeto de miradas furtivas, susurros ahogados y codazos de asombro. August sale poco, su vida transcurre entre las acogedoras paredes de su casa, entre la compañía de su familia, su perra Daisy y las increíbles historias de La guerra de las galaxias. Este año todo va a cambiar, porque este año va a ir, por primera vez, a la escuela. Allí aprenderá la lección más importante de su vida, la que no se enseña en las aulas ni en los libros de texto: crecer en la adversidad, aceptarse tal como es, sonreír a los días grises y saber que, al final, siempre encontrará una mano amiga.
Leí este libro en una tarde. Lo agarré por casualidad, no estaba en mis planes leerlo, pero como lo compré hace ya tiempo con la colección Historias que dejan huellas, del diario Clarín, lo tenía esperándome en la estantería. Tenía la mente bastante cansada porque acababa de terminar la última fase de estudio para un final antes de ponerme a repasar, y debo decir que éste es de esos libros que resultan perfectos para esos momentos.

La lección de August cuenta la historia de, cómo no, August, un niño con una deformidad facial bastante importante. No sólo es una cuestión de estética, sino que también le ha traído problemas de salud de diversos tipos. August (o Auggie) nunca ha ido a la escuela debido a estos problemas, pero finalmente, al cumplir 10 años, sus padres deciden que es hora de enfrentarlo al mundo.


Este es un libro sobre la superación, sobre aceptarse a uno mismo y sobre lo importante que es la amistad y el compañerismo. El libro está narrado desde varios puntos de vista diferentes. Cada narrador se diferencia bastante bien de los otros, e incluso aparecen distintos recursos estilísticos que hacen que, si abrís una pagina al azar, sepas de cuál punto de vista se trata con sólo leer un párrafo.

Respecto a la historia, creo que R.J. Palacio ha sabido captar muy bien las diferentes dinámicas de relación que aparecen en los distintos escenarios. Por ejemplo, en la escuela, Auggie se relaciona con niños de su edad (entre 10 y 11 años), en un momento de la vida en que la apariencia empieza a volverse sumamente importante. Esto crea un gran impacto, tanto en el grado como en él mismo, y creo que eso estuvo muy bien llevado desde el principio.

August siempre ha sido el centro de su universo: en su familia, siendo el foco de todos los cuidados de sus padres y su hermana; en la calle, atrayendo todas las miradas aprensivas y hasta de horror; y ahora, en la escuela, convirtiéndose en el blanco de burlas y discriminación, pero también de manos amistosas tendidas para ofrecerle ayuda.

La forma en que los compañeros se van moviendo (en el sentido relacional) me pareció muy bien configurado. Me recordó mucho a una época en mi escuela primaria, cuando ingresó un niño que había sufrido graves quemaduras en todo el cuerpo, incluida su cara. Al principio nadie quería tocarlo, pero poco a poco fuimos incluyéndolo y dándonos cuenta de que era tan normal como los demás.


La trama escolar es entretenida, aunque nada fuera de lo común: es la típica historia de populares vs. marginados, con el interesante agregado de un niño deforme, que va a disparar diferentes reacciones en el grado.

Uno de los prejuicios que tenía respecto a esta historia era que creía que todo se iba a centrar en August: lo que vive, lo que sufre, y cómo todos los adoran y lo cuidan desinteresadamente. Por eso, lo que más me gustó del libro fue el personaje de la hermana de Auggie, Olivia, quien rompe con esto y, a medida que va creciendo, empieza a sentir (y a reclamar) la falta de sus padres por tenerlos siempre centrados en August. Me gustó que fuera un personaje autónomo, y no simplemente "la hermana de August". Me gustó que tuviera sus propios sentimientos y necesidades, sus propios problemas adolescentes, y que los fuera resolviendo de diferentes maneras, equivocándose, enfureciéndose, sintiendo culpa, conteniéndose.

La configuración de la dinámica familiar, entonces, también me pareció muy interesante y bien llevada, teniendo en cuenta ese elemento.



El único problema que tuve con este libro es el final. Como no quiero spoilear, solo diré que me pareció demasiado de cuento de hadas, demasiado Disney. Entiendo que es un libro para niños pero me pareció exagerado, y me sacó un poco de contexto. De pronto, parecía que en lugar de estar leyendo una historia estuviera viendo un cartel de neón rojo que anunciaba cuál era la moraleja del libro, cosa que creo que no hacía ninguna falta.


En fin, La lección de August es una historia entretenida, dulce, y mantiene siempre un tono positivo. Es un buen libro para ser leído en escuelas, sobre todo en el paso de primaria a secundaria, y lo súper recomiendo para salir de un bloqueo de lector o para leer en exámenes, porque es súper fluido y muy bonito.
"Se nos debería recordar por las cosas que hacemos. Las cosas que hacemos son las cosas más importantes de todas. Son más importantes que lo que decimos o que nuestro aspecto. Las cosas que hacemos duran más que nuestras vidas… Las cosas que hacemos están hechas de los recuerdos que la gente tiene de ti. Por eso tus actos son como tus monumentos. Están construidos con recuerdos y no con piedras."
Resulta que me había propuesto no hacer secciones en el blog y acá estoy, abriendo una nueva sección. ¿Ven que soy desordenada? ¿Ven que soy un lío? Pero bueno, tengo ganas de seguir hablando de autoras así que este es mi blog y estas son mis reglas, y mis reglas dicen que puedo hacer lo que se me da la gana, punto. Y ojalá nunca pongan un país en mis manos, por el bien de sus habitantes.

La cuestión es que me dieron ganas de hablar de algunas autoras que ya he leído y que me resultaron fascinantes, aun antes de haberme propuesto leer autoras, y a las que quizá vuelva este año como para comenzar con la iniciativa.


La primera autora que recuerdo haber leído es María Elena Walsh, escritora, compositora y poeta argentina. Si creciste en Argentina y nunca escuchaste El brujito de Gulubú, tus viejos te mintieron, en realidad creciste en otro país o en una dimensión paralela donde los padres o los jardincitos argentinos no hacen escuchar El Brujito de Gulubú a los niños.

Leí varios libros de María Elena Walsh: Dailan Kifki, Chaucha y Palito, Hotel Pioho’s Palace y Manuelita la tortuga. Me acuerdo muy nítidamente de esos libros, de sus personajes y hasta de algunos de sus chistes, lo cual dice mucho de lo buenos que eran. Leí por ahí que sobre el final de su carrera sacó algunos libros para adultos, así que quizás los busque para leerlos.
La segunda autora que caló fuerte en mi corazón fue Liliana Bodoc. Sencillamente la amo, y amo la Saga de los Confines, esa novela de fantasía que narra desde la metáfora todas las muertes y el sufrimiento que provocaron los conquistadores en los pueblos originarios latinoamericanos. Cada vez que releo sus libros encuentro algo nuevo: una nueva clave de lectura, una nueva frase, un nuevo personaje que conquista mi corazón.

La Saga de los Confines está compuesta por tres libros: Los días del Venado, Los días de la Sombra y Los días del Fuego; y una recopilación de cuentos que contestan algunas preguntas que quedaron pendientes después del cierre: Oficio de Búhos. Pero Liliana Bodoc siguió escribiendo, y me avergüenza decir que yo no seguí leyendo su obra, así que espero hacerlo este año.

Pero en realidad, la autora en la que estaba pensando cuando me puse a escribir esta entrada es Isabel Allende. Sobrina del expresidente chileno Allende, se vio obligada a vivir en el exilio en Estados Unidos cuando el General Pinochet hizo su golpe de Estado, comenzando así la dictadura chilena (no tengo mucha idea de la historia de ese país, solo repito lo que he leído por ahí, así que si me equivoco, no duden en corregirme en los comentarios).

El primer libro que leí de Isabel Allende fue, curiosamente, uno que me tocaba para el colegio: De Amor y de Sombra. Pero yo siempre fui bastante friki, así que me gustaban los libros que me hacían leer en el colegio, aunque no lo decía nunca en voz alta, claro.



Y De Amor y de Sombra me encantó, me impresionó y me impulsó a seguir leyendo a esta autora. Así que agarré La isla bajo el mar, y lo devoré. Después un amigo me recomendó La casa de los espíritus, y por Atenea que lloré desde la primera página hasta la última. El último libro que leí de ella fue Eva Luna, que no me gustó tanto, pero tampoco me quitó las ganas de seguir buscando su obra.

Es que su prosa es excelente, y la manera que tiene de contar lo más crudo y horroroso de ser mujer en diferentes épocas de la historia me hipnotiza. Sus libros siempre son protagonizados por mujeres, mujeres que tienen que superar cierto tipo de obstáculos por el solo hecho de ser mujeres. Y me encanta, porque me siento comprendida. Cuando leo sus libros me siento en casa.

He leído más autoras que estas, claro está: J.K. Rowling, Robin Hobb, Elizabetta Gnone, y varias más. Creo que me gustaría seguir escribiendo sobre ellas, sus vidas y su obra.

Y ustedes, comentaristas, ¿qué dicen? ¿Cuáles son sus autoras favoritas? ¿Les gustaría que siga recomendando a las mías?
Cualquier decisión que implique mantener constancia en algo me cuesta muchísimo. No me refiero al ámbito laboral/profesional, en ese sentido soy bastante responsable, pero en mi tiempo libre no soy capaz de planificar nada, porque en cuanto pretendo imponerme algo, dejo de disfrutarlo. Como cuando hice el intento de participar en una maratón de lectura: leí las consignas, fijé los libros que quería leer y me dispuse a ello. Pero en cuanto leer esos libros se convirtió en una obligación, perdí el interés. 

No quiero fijar de antemano lo que leo. Quiero que la lectura me lleve por caminos inesperados, quiero que leer sea un viaje que se vaya trazando solo, que me sorprenda y que cada libro me lleve al siguiente.

Voy a aclarar (porque acá enseguida se ofenden) que no veo mal que la gente participe en maratones y desafíos de lectura, es más, los admiro. Ojalá yo pudiera decir “en los siguientes 4 meses voy a leer todos estos libros” y cumplirlo. Quizá así la torre de libros que esperan sobre mi mesa de luz a ser leídos no sería tan alta, y llevaría un ejercicio de lectura más organizado, menos errático. Pero descubrí que eso no es lo mío. Soy errática. Soy espontánea. No puedo evitarlo.

Pero este año se propagó por mi Twitter una iniciativa diferente: se trata de leer más autoras, visibilizarlas. No tiene nada que ver con “leer un libro con fuego en la portada” (un desafío en el que participé tenía esa consigna y no pude encontrar un solo libro que me interesara con fuego en la portada, así que entenderán mi resquemor). No es una consigna cerrada, ni absurda, ni tiene ninguna limitación de tiempo: se trata simplemente de leer más autoras. Cuando quieras. Las que quieras. En el orden que quieras.
Las hermanas Bronte, Inglaterra, siglo XVIII
Me asusta un poco eso de leer solo autoras, no porque no me guste la idea, sino porque no sé si voy a poder lograrlo, ya que soy bastante distraída a la hora de leer. Sin ir más lejos, ya había decidido unirme a esta iniciativa cuando a principios de año abrí mi Kindle y leí de un tirón El dios asesinado en el servicio de caballeros, de Sergio Sánchez Morán, antes de darme cuenta de que estaba rompiendo la consigna. Cuando fui a reseñarlo en Goodreads lo vi: el autor es un hombre, no una mujer. Ya la cagué.
Mary Shelley, Inglaterra, siglo XIX
Así que no, no voy a prometer leer sólo autoras este año. Soy demasiado desordenada para eso. Pero esto es importante. Es algo en lo que creo, y pienso que vale la pena hacer el esfuerzo, romper los esquemas y visibilizar a todas las genias absolutas de la literatura que quedan aplastadas bajo un montón de libros escritos por hombres.
Chimamanda Ngoci Adichie, Nigeria, contemporánea
Porque las mujeres no escriben solamente romántica, ni salen de ese género sólo para escribir juvenil. Estamos presentes en la ciencia ficción, y pisando fuerte, de la mano de Ann Leckie. Enarbolamos nuestra indignación en contemporánea, junto a Chimamanda Ngoci Adichie. Provocamos escalofríos en terror, con Mariana Enríquez. Resolvemos crímenes laberínticos con Agatha Christie. Abrimos paso a otros mundos en fantasía, con Robin Hobb y Liliana Bodoc. Te llenamos la mente de música, con la poesía excelente y ganadora del Premio Nobel de Literatura de Gabriela Mistral.
Svetlana Aleksiévich, Ucrania, Premio Nobel de la Literatura en 2015
Y probablemente me estén faltando miles de autoras y cientos de géneros, pero esa es la idea de esta iniciativa. Seguir descubriendo, explorando, visibilizando. Comprando libros de mujeres y hablando de ellos, pidiéndolos a las editoriales, leyéndolos, compartiéndolos.
Isabel Allende, Chile, contemporánea
Así que me comprometo a leer más autoras, y que el 31 de diciembre de 2017 mi Reading Challenge muestre una lista que incluya un 90% de libros escritos por mujeres. Voy a buscar (ya lo estoy haciendo) todas las mujeres escritoras que pueda, intentando incluir también a las mujeres trans, que son un grupo mucho menos numeroso pero mucho más invisibilizado y maltratado. ¿Qué tendrán para decir ellas? Me urge leerlas y espero conseguir al menos un libro escrito por una mujer transgénero.
Esdras Parra, Venezuela, fines del siglo XX
Y ustedes, comentaristas, ¿qué piensan leer este año? ¿Se unen a la iniciativa?
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