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Título original: Ancillary Justice
Autora: Ann Leckie
Saga: Trilogía del Radch #1
Editorial: Ediciones B, para el sello Nova
Premios: Hugo, Nebula, Arthur C. Clarke, Locus y B.S.F.A.
Sinopsis: En un planeta helado y remoto, una soldado llamada Breq se está acercando al cumplimiento de su misión. En el pasado, Breq era Justicia de Toren, una crucero de batalla colosal con una inteligencia artificial que conectaba a miles de soldados que servían al Radch, el imperio que había conquistado la galaxia. Ahora, un acto de traición la ha hecho pedazos y solo cuenta con un único y frágil cuerpo humano, numerosas preguntas sin responder y un ardiente deseo de venganza.




Creo que, antes de comenzar con la reseña, voy a tener que explicar un poco este libro porque la sinopsis es tremendamente confusa.

Para empezar, Breq, nuestra protagonista, no es un ser humano: es una Inteligencia Artificial (IA) que ha vivido millones de años. Como tal, solía controlar un enorme crucero de batalla, es decir, una nave espacial, llamada Justicia de Toren. Digo "controlar" a falta de una palabra mejor para expresarlo, pero quiero que se entienda: así como vos y yo controlamos nuestro cuerpo pero al mismo tiempo somos cuerpos, ella controlaba y era la nave.


Sin embargo, en esta novela la existencia de las IA no se limita a su condición física de nave. Éstas están conectadas a Auxiliares, que son cuerpos humanos desprovistos de su conciencia original y habitados por la IA a través de prótesis colocadas en sus cerebros.

Así, la Justicia de Toren es una especie de conciencia fragmentada, con miles de cuerpos (es decir, miles de Auxiliares) ubicados en diferentes puntos de una órbita planetaria. Mientras la nave en sí puede estar orbitando un planeta, cientos de sus auxiliares se encuentran caminando sobre él, otros cientos dentro de la misma nave y unos cuantos más podrían estar por ahí, volando en otras navecitas de carga más pequeñas.

Además de esto, las naves tienen un conocimiento casi total de lo que le ocurre a los seres humanos a su alrededor (o en su interior). Pueden adivinar cómo se sienten y hasta lo que piensan a partir de los datos de su estado corporal (temperatura, hormonas, contracciones musculares, etc.). Por eso, la Justicia de Toren puede ser al mismo tiempo una narradora en primera persona, testigo y omnisciente.

She's watching us!
Explicado esto, podemos volver al punto de inicio de la novela. La Justicia de Toren ha sido destruida, y Breq (un cuerpo auxiliar de la nave) es lo único que queda de ella. Como personaje, Breq es un ser melancólico y frívolo, colmado por la añoranza de su antigua omnisciencia. Se encuentra a cientos de miles de kilómetros de su antiguo hogar, el Radch, y lo único que la mantiene viva es su deseo de venganza.

A medida que avanza la novela, se nos van destapando poco a poco los diferentes aspectos de un universo que podría estar cientos de miles de años adelantado al nuestro. El ritmo es necesariamente lento, ya que hay tantas diferencias entre la cultura de Breq y cualquiera que conozcamos en la actualidad que, si fuera demasiado rápido, sería extremadamente fácil perderse.

De hecho, yo misma me estoy perdiendo en explicarlo. Así que mejor saltémonos esa parte y vamos a lo interesante: ¿de qué trata la novela?


Justicia Auxiliar nos cuenta la historia de cómo Breq logró dar un primer paso hacia su venganza, una venganza para nada fácil, ya que pretende asesinar a la mismísima Lord del Radch, Anaander Mianaai. El problema es que Anaander Mianaai no es un ser humano, es también una IA, y la más poderosa de todas, ya que está conformada por cientos de naves y millones de auxiliares. Exacto: en este universo, los seres humanos hemos perdido el comando de nuestra propia sociedad. Ahora nuestra líder es una máquina. ¿Cómo matarla? ¿Cómo generar una diferencia?

En esta novela, Breq emprenderá el viaje que la llevará a rozar, tal vez quebrar un poco, una de las uñas de los largos dedos de la todopoderosa Lord del Radch. Y sólo con esto, espera plantar la semilla de la revolución.

Hasta la primera mitad del libro, la historia se desarrolla en dos líneas temporales diferentes: la actual, donde Breq planea su venganza, y la pasada, donde descubriremos cómo llegó hasta este punto y comprenderemos mejor sus acciones. No les miento si les digo que al principio leerlo puede ser muy confuso, ya que el libro te arroja en este universo completamente distinto sin mediar explicaciones, y la historia comienza sin más. Es de esos libros que no dicen, sino que muestran. Y si Ann Leckie se pusiera a explicar los motivos de cada nueva costumbre o excentricidad de la cultura del Radch, este libro tendría mil páginas en lugar de 400. Por esto es que quedan miles de preguntas en el aire, cosas que son consideradas sin importancia hasta para los propios personajes. Por ejemplo, en un momento se le pregunta a la protagonista cuál es el planeta origen de la especie humana, y ella contesta que, de seguir existiendo, en todo caso sería irrelevante.

Otra cuestión extraña del Radch es el hecho de que tanto su lenguaje como su cultura no distingue géneros, es una sociedad que ha abolido el género. Así, en la versión original (en inglés), nunca se hace referencia a si un personaje es hombre o mujer, no aparecen nunca los "he" o los "she". En la versión en español, excelentemente traducida por Victoria Morera, se ha optado por usar el tratamiento en femenino para todo el mundo. De esta manera, como no estamos acostumbrados a esto, hay algo que nos está recordando todo el tiempo que ese personaje podría ser mujer o no, incluso cuando, por ejemplo, se nos lo describe con bigote, porque ¿quién dice que una mujer no puede tenerlo?

Respecto a los temas que trata esta novela, hay sencillamente demasiados. Habla mucho sobre la identidad y sobre la patria, pero no de una manera aburrida o pretenciosa: Breq se siente desarraigada de sí misma pero también de su hogar, y esto la lleva a cuestionarse fuertemente su identidad, sus acciones y su forma de pensar. Además, aparecen fuertes críticas a las desigualdades sociales y la tiranía de los gobiernos, y discusiones sobre la autoconsciencia, el espíritu, el devenir y las causas y consecuencias de las propias acciones. Es una novela profunda que habla de muchas cosas, y todas están bastante bien tratadas.

En conclusión, Justicia Auxiliar es un libro para saborear de a poco, digiriendo lentamente cada capítulo. La complejidad de la trama, los personajes y el universo en el que se desarrolla la convierten en una novela magistral, digna de todos los premios que ha cosechado. Yo, por mi parte, estoy ansiosa por leer la segunda parte para saber cómo continúa la historia.

Puntuación:
¿Quizá la identidad de cualquiera consiste en fragmentos que se mantienen unidos gracias a un historia que resulta útil o conveniente y que, en circunstancias normales, nunca se revela como ficticia? Y, por otro lado, ¿esa historia es realmente una obra de ficción?
-Ann Leckie, Justicia Auxiliar

Título: El dios asesinado en el servicio de caballeros
Autor: Sergio Sánchez Morán
Saga: no hay nada confirmado, pero más le vale al autor que sí lo sea.
Sinopsis: Soy Verónica Guerra, alias Parabellum. Soy a quien llamas cuando la chica de la curva te ha robado el coche. Soy a quien necesitas cuando alguien te deja una cabeza de unicornio en la cama. Soy a quien recurre el hombre del saco cuando un extraño se mete en su casa.
Soy detective paranormal y me enfrento a diario a los sucesos más extraños que puedas imaginar.
Pero acabo de encontrarme el cadáver de un dios griego en el maletero del coche. Y hasta yo tengo un límite.
Este libro fue un soplo de aire fresco luego de muchas lecturas un poco pesadas. Desde el principio, todas las situaciones son hilarantes, y el narrador hace avanzar la historia con una fluidez impecable. El dios asesinado en el servicio de caballeros te sumerge en un universo muy parecido al nuestro, pero donde todo lo que conocemos sobre mitología es real. Todos los dioses existen, aunque no son tan imponentemente poderosos como creemos, y tienen problemas tan comunes y corrientes como los nuestros.

La protagonista es fantástica. Verónica (también llamada Parabellum, alias que escogió inspirada en cierto tipo de arma para imponer respeto en el mundo paranormal) tiene una voz narrativa clara e inconfundible, es divertida, fuerte y decidida. Sin embargo, no es ninguna Marie Sue: tiene una personalidad compleja, y tantas debilidades como fortalezas. Verónica tiene dudas, miedos, inseguridades y a veces puede ser bastante testaruda. A medida que avanza la novela, una va apropiándose de su personalidad sarcástica y (como ya dije)  la historia fluye como la seda.

Algo muy destacable e interesante es que Verónica, a pesar de estar metida en medio de un mundo donde todo lo sobrenatural es real (desde vampiros, pasando por ángeles y sílfides, hasta dioses), es completamente humana, y está orgullosa de ello. Es tan poderosa como cualquier mujer en sus 30, lo cual, comparado con el poder de la Medusa, es bastante poco. Sin embargo, es sumamente inteligente, gracias a lo cual logra desenvolverse en el submundo de Barcelona sin sufrir ningún rasguño. O bueno, quizás un par de rasguños. Y algunos huesos rotos.

Presentación de Parabellum hecha por el autor
(Click en la imagen para ir a su página)

Respecto al universo donde se desarrolla la historia, se nota que el autor sabe mucho de mitología o que ha hecho un trabajo de investigación importante para poder construirlo. Aparecen criaturas de la mitología griega, nórdica, judía, hindú, cristiana... mitologías que yo no tenía idea que existían. Admito que tampoco soy muy fanática del tema, y que se me pueden haber pasado algunos errores por puro desconocimiento, pero en mi opinión todo estaba muy bien articulado.

Para empezar, no todas las mitologías al completo convivían en Barcelona. Ni siquiera en España, como yo estaba acostumbrada a ver, por ejemplo, en la saga de Percy Jackson. Todo lo contrario, la mayoría de ellas seguían residiendo en sus países de origen, y en España sólo se encontraban algunos dioses menores y criaturas que tenían sus razones para residir en el país ibérico. Así, el mundo sigue teniendo su sentido, y el autor se libra de la necesidad de involucrar a todo el harén de dioses en los conflictos en los que se desenvuelve Parabellum.
Fragmento del inicio de la primera historia gráfica de Parabellum
(Click en la imagen para leerla)

Respecto a el humor, puede que Sánchez Morán abuse un poco del sarcasmo, pero yo en lo personal me he reído mucho y he disfrutado cada página de este libro.

Sólo tuve un pequeño problema con el final (qué raro yo teniendo problemas con los finales), y es que el autor, habiendo explotado al máximo las habilidades humanas de Verónica durante toda la novela, recurre de pronto a un deus ex machina. En cierto sentido, está bien colocado, parece que no hubiera otra salida, pero me hubiera gustado que la protagonista usara una vez más su ingenio para salir del aprieto en que se encontraba.

En conclusión, El dios asesinado en el servicio de caballeros es una mezcla fascinante de comedia, misterio y fantasía, perfecto como lectura ligera de verano o para leer en un bloqueo de lector, en época de exámenes o, por qué no, en un viaje largo. Lo recomiendo mucho, y voy a darle 4 Parabellums.

En esta trepidante y adictiva novela, una exagente que huye de la organización en la que trabajaba deberá aceptar un último caso para limpiar su nombre y salvar su vida.

Antes trabajaba para el gobierno de Estados Unidos, aunque casi nadie lo sabía. Como experta en su campo, era uno de los secretos más oscuros de una agencia tan clandestina que ni siquiera tiene nombre. Hasta que la consideraron un lastre, y fueron a por ella sin avisar.

Ahora rara vez se queda en el mismo lugar o utiliza el mismo nombre durante mucho tiempo. Ya han matado a la única persona en quien confiaba, pero sabe algo que sigue suponiendo una amenaza. La quieren muerta, y pronto.

Cuando su antiguo jefe le ofrece una salida, comprende que será su única oportunidad de borrar la enorme diana que lleva dibujada en la espalda. Pero eso implica aceptar un último encargo. Y, para su horror, la información que consigue vuelve aún más peligrosa la situación.

Decidida a afrontar el desafío cara a cara, empieza a prepararse para la peor pelea de su vida, mientras se da cuenta de que se está enamorando de un hombre que solo puede complicar sus posibilidades de supervivencia. Ahora que sus opciones menguan a marchas forzadas, deberá aplicar su especial talento de formas en las que nunca antes habría soñado.
*suspira*
Bueno, chicos... volvió Meyer.


La Química, como nos dice la sinopsis, cuenta la historia de cómo una exagente de un departamento ultra secreto del gobierno estadounidense (es tan ultrasecreto que no tiene nombre) debe huir luego de que los grandes mandos comienzan a considerarla peligrosa por lo que sabe, e intentan asesinarla.

Al principio del libro, Meyer nos muestra cómo esta mujer (que tiene un nombre diferente en cada capítulo, así que por motivos prácticos de ahora en adelante la llamaré Alex) ha logrado burlar durante tres años al gobierno, que ya ha intentado asesinarla (y fallado) tres veces. Alex tiene una personalidad práctica, persistente, perfeccionista y obsesiva, con el toque adecuado de paranoia, dadas las circunstancias. Es, además, médica, y lo que solía hacer en el gobierno no era exactamente curar a los soldados heridos.

Por si no lo habían imaginado, se los digo: Alex era una interrogadora, que es una manera bonita de decir que torturaba a la gente para sacarle información. Además, se dedicaba a la investigación para encontrar formas más refinadas y sutiles de hacer que una persona confesara la verdad. Entonces podemos decir que era una experta en química, de ahí el título del libro.

La historia hasta acá venía bien: tenía intriga, suspenso, una protagonista interesante y algunos plot-twist un poco predecibles, pero decentes.

Pero entonces, aparece el hombre más irritante del planeta.


Daniel es la persona más bonachona que existe, tanto, que ya resulta poco creíble. Y lo peor de todo es que, al cruzarse con Alex, la historia pierde ritmo y el personaje de ella se vuelve cada vez menos interesante. Lo que en un principio parecía una de esas novelas donde no podés parar de leer y de formular teorías a medida que lo haces, terminó convirtiéndose en una especie de historia country de carretera, llena de escenas cursis, viajes en auto y perros, muchos perros. Ah, y por supuesto: instalove.

Si bien hay varios momentos en los que la tensión sube y la acción se pone en marcha, hay muchos puntos muertos en la novela, que le sirven a Meyer para hacer avanzar la historia de amor. El problema es que NO ME IMPORTA LA HISTORIA DE AMOR, sinceramente. No soporto cómo el interés amoroso vuelve más lenta a Alex, menos perfeccionista, menos alerta, más arriesgada. Y me molesta mucho también que eso no tenga consecuencias. Es decir, en los primeros capítulos parecía que no podía ni tirarse un pedo porque el Estado podía identificarla por su olor, y de repente, solo porque está con él, se permite irse a dormir sin establecer ninguna de sus medidas habituales de seguridad, ¡y no pasa nada! Todo sale bien.


Lo único que no sale bien, por supuesto, es lo que ya te esperas que no salga bien. Daniel comete errores garrafales, que me dan ganas de revolearle algo por la cabeza, y nadie se enoja, todos dicen pobre Daniel, ¡ni siquiera se molestan en explicarle cómo funcionan las cosas para que no vuelva a meter la pata! Si yo fuese Alex, le habría gritado unas cuantas cosas.

(Si se preguntan por qué hablo en plural, es porque a lo largo de la novela se van incorporando personajes al team, pero no quiero spoilear diciendo quiénes son)

Los personajes en general son bastante unidimensionales, aunque pueden apreciarse algunos matices, sobre todo en Alex. Pero siempre está claro quién es la inteligente, el bonachón, la sexy y el valiente. Y obviamente quién terminará con quién. Además, todos son quienes dicen ser: no hay identidades ocultas, ni trampas, ni traiciones. En ese sentido, casi no hay sorpresas en este libro que supuestamente es un thriller.


El punto fuerte de esta novela, y que me empujó a terminarla, es el estilo de Meyer. Hay que reconocerlo: tiene una manera de contar historias que atrapa, aunque te esté contando el avance de un caracol en el asfalto. Sabe cómo narrar una escena de acción, y sabe cómo derretirte de ternura en una escena romántica. Sus palabras hipnotizan y hacen avanzar la historia fluidamente, añadiendo un poco de tensión en los puntos muertos para que no se vuelvan tan aburridos, y escondiendo la suficiente información en los picos de acción para mantener el suspenso.

En conclusión: La Química resultó ser una mala historia, pero contada de maravilla. La disfruté, pero tiene muchas fallas, cosas que Meyer arrastra desde Crepúsculo y no ha mostrado mucha mejoría. Por momentos mantiene un ritmo trepidante para luego decaer en puntos muertos donde nada ocurre, y lo mismo pasa con los personajes: parecen tener un potencial enorme que a veces es aprovechado, y otras veces desaparece.

Decidí abrir esta nueva sección en mis reseñas para poder reflexionar respecto a este tema. Probablemente no aparezca en todos los libros que reseñe, sino sólo en los que me parezca que el tema es relevante. Y la verdad es que La Química me rompió bastante mis ovarios violetas.

A ver. Es que hay cosas que me superan. Necesito citarlo, porque no sé cómo contarlo sin tirar las buenas formas por el inodoro:
"La cercanía de (él) la confundió,  pero no la asustó como habría ocurrido con casi cualquier otra persona del planeta. (...) Sin embargo, no comprendía lo que estaba haciendo, ni siquiera cuando (él) bajó lentamente la cara hacia la suya y empezó a cerrar los ojos. Ni se le ocurrió que estaba a punto de besarla hasta que sus labios entreabiertos estuvieron solo a un suspiro de los de ella.
Comprenderlo la sobresaltó (...) Se agachó por debajo del brazo de (él) para liberarse. Se alejó unos metros con rápidas zancadas y dio media vuelta para encararse hacia el origen de la alarma, medio acuclillándose en actitud de combate. (...)
(Él) Volvió a acercarse a ella y Alex se obligó a no retroceder. Confundida o no, sabía que su reacción exagerada y salvaje había sido de mala educación. No quería herir sus sentimientos." 
Quiero que presten atención a esa última frase. ¿Alguien dijo consentimiento? Es claro que ella no está preparado para besarlo. Es más, hasta el momento ni siquiera se lo había planteado, y no sé si soy yo o qué, pero la tensión romántica entre ellos no había crecido lo suficiente en ese momento.

Pero aunque la tensión hubiese estado por las nubes: ella claramente no está preparada para besarlo. Sin embargo, rechazarlo es "de mala educación" y ella "no quiere herir sus sentimientos". ¿En qué mundo vivimos? ¿Por qué no es él quien se plantea esperar, en nombre de la buena educación? ¿Por qué es ella quien debe forzarse a besarlo, a pesar de no sentirse cómoda con ello?

Esto no es una crítica a Meyer como autora. Aunque está claro que este pasaje es sumamente machista, no creo que ella se haya dado cuenta, porque se nota que ha puesto mucho esfuerzo en crear una protagonista femenina fuerte y dueña de su vida. Sin embargo, es importante señalar estos micromachismos porque dan cuenta de la forma en que hemos sido criadas: debemos caer bien, debemos ser buenas, debemos tolerar cosas para no herir los sentimientos de los demás. Y ellos no pueden esperar, sería de mala educación hacerlos esperar.

Otra cuestión que me llamó la atención es que Alex se menosprecia muchísimo en cuestiones de sexo y amor. Si bien ha tenido relaciones sentimentales/sexuales con otros hombres, está convencida de que ellos siempre la han elegido porque no había ninguna otra mujer cerca. No comprende que alguien pueda querer estar con ella, y esto refleja una inseguridad que me pareció impropia del personaje, a la vez que encajaba con el cliché de "es exitosa pero infeliz por no estar en pareja". Por un lado, Alex confía únicamente en sí misma, es sumamente inteligente y se sabe capaz, mientras que por otro, no se considera "suficiente" para atraer a un hombre. ¿Es eso coherente? Yo la verdad es que creo que no.

¿Por qué esa necesidad de Meyer de poner a las mujeres como las inseguras de la relación? ¿Por qué necesita ponerlas en esa situación de embelez para con sus parejas? La verdad es que irrita mucho, y no encaja con el personaje que había creado hasta el momento. Alex se muestra, ante todo, pragmática. Y no me creo que un simple enamoramiento pueda hacerla perder esa característica tan férrea de su personalidad, sobre todo cuando eso implicaría poner en riesgo su vida y la de él.

En fin, yo no voy a decirle a la autora cómo construir sus personajes. Sin embargo, da que pensar que las inseguridades de Alex estén justo donde los estereotipos lo indican. Como si una mujer enfocada en su trabajo tuviese que ser siempre insegura o infeliz, como si la falta de pareja la hiciera incompleta. Simplemente no me cuadra.


En fin, chicos, hasta acá la reseña.
¿Ustedes qué piensan? ¿Han leído el libro? ¿Les gustaría leerlo?
¡Díganme en los comentarios!

Título: La lección de August
Autora: R.J. Palacio
Saga: Eh... sí? Hay varios spin-off, pero puede leerse en forma independiente. Sello editorial: Nube de Tinta (original), la edición de la imagen es de Colecciones Clarín
Sinopsis: Su cara lo hace distinto y él solo quiere ser uno más. Camina siempre mirando al suelo, la cabeza gacha y el flequillo tratando en vano de esconder su rostro, pero, aun así, es objeto de miradas furtivas, susurros ahogados y codazos de asombro. August sale poco, su vida transcurre entre las acogedoras paredes de su casa, entre la compañía de su familia, su perra Daisy y las increíbles historias de La guerra de las galaxias. Este año todo va a cambiar, porque este año va a ir, por primera vez, a la escuela. Allí aprenderá la lección más importante de su vida, la que no se enseña en las aulas ni en los libros de texto: crecer en la adversidad, aceptarse tal como es, sonreír a los días grises y saber que, al final, siempre encontrará una mano amiga.
Leí este libro en una tarde. Lo agarré por casualidad, no estaba en mis planes leerlo, pero como lo compré hace ya tiempo con la colección Historias que dejan huellas, del diario Clarín, lo tenía esperándome en la estantería. Tenía la mente bastante cansada porque acababa de terminar la última fase de estudio para un final antes de ponerme a repasar, y debo decir que éste es de esos libros que resultan perfectos para esos momentos.

La lección de August cuenta la historia de, cómo no, August, un niño con una deformidad facial bastante importante. No sólo es una cuestión de estética, sino que también le ha traído problemas de salud de diversos tipos. August (o Auggie) nunca ha ido a la escuela debido a estos problemas, pero finalmente, al cumplir 10 años, sus padres deciden que es hora de enfrentarlo al mundo.


Este es un libro sobre la superación, sobre aceptarse a uno mismo y sobre lo importante que es la amistad y el compañerismo. El libro está narrado desde varios puntos de vista diferentes. Cada narrador se diferencia bastante bien de los otros, e incluso aparecen distintos recursos estilísticos que hacen que, si abrís una pagina al azar, sepas de cuál punto de vista se trata con sólo leer un párrafo.

Respecto a la historia, creo que R.J. Palacio ha sabido captar muy bien las diferentes dinámicas de relación que aparecen en los distintos escenarios. Por ejemplo, en la escuela, Auggie se relaciona con niños de su edad (entre 10 y 11 años), en un momento de la vida en que la apariencia empieza a volverse sumamente importante. Esto crea un gran impacto, tanto en el grado como en él mismo, y creo que eso estuvo muy bien llevado desde el principio.

August siempre ha sido el centro de su universo: en su familia, siendo el foco de todos los cuidados de sus padres y su hermana; en la calle, atrayendo todas las miradas aprensivas y hasta de horror; y ahora, en la escuela, convirtiéndose en el blanco de burlas y discriminación, pero también de manos amistosas tendidas para ofrecerle ayuda.

La forma en que los compañeros se van moviendo (en el sentido relacional) me pareció muy bien configurado. Me recordó mucho a una época en mi escuela primaria, cuando ingresó un niño que había sufrido graves quemaduras en todo el cuerpo, incluida su cara. Al principio nadie quería tocarlo, pero poco a poco fuimos incluyéndolo y dándonos cuenta de que era tan normal como los demás.


La trama escolar es entretenida, aunque nada fuera de lo común: es la típica historia de populares vs. marginados, con el interesante agregado de un niño deforme, que va a disparar diferentes reacciones en el grado.

Uno de los prejuicios que tenía respecto a esta historia era que creía que todo se iba a centrar en August: lo que vive, lo que sufre, y cómo todos los adoran y lo cuidan desinteresadamente. Por eso, lo que más me gustó del libro fue el personaje de la hermana de Auggie, Olivia, quien rompe con esto y, a medida que va creciendo, empieza a sentir (y a reclamar) la falta de sus padres por tenerlos siempre centrados en August. Me gustó que fuera un personaje autónomo, y no simplemente "la hermana de August". Me gustó que tuviera sus propios sentimientos y necesidades, sus propios problemas adolescentes, y que los fuera resolviendo de diferentes maneras, equivocándose, enfureciéndose, sintiendo culpa, conteniéndose.

La configuración de la dinámica familiar, entonces, también me pareció muy interesante y bien llevada, teniendo en cuenta ese elemento.



El único problema que tuve con este libro es el final. Como no quiero spoilear, solo diré que me pareció demasiado de cuento de hadas, demasiado Disney. Entiendo que es un libro para niños pero me pareció exagerado, y me sacó un poco de contexto. De pronto, parecía que en lugar de estar leyendo una historia estuviera viendo un cartel de neón rojo que anunciaba cuál era la moraleja del libro, cosa que creo que no hacía ninguna falta.


En fin, La lección de August es una historia entretenida, dulce, y mantiene siempre un tono positivo. Es un buen libro para ser leído en escuelas, sobre todo en el paso de primaria a secundaria, y lo súper recomiendo para salir de un bloqueo de lector o para leer en exámenes, porque es súper fluido y muy bonito.
"Se nos debería recordar por las cosas que hacemos. Las cosas que hacemos son las cosas más importantes de todas. Son más importantes que lo que decimos o que nuestro aspecto. Las cosas que hacemos duran más que nuestras vidas… Las cosas que hacemos están hechas de los recuerdos que la gente tiene de ti. Por eso tus actos son como tus monumentos. Están construidos con recuerdos y no con piedras."

Título: Winter
Autora: Marissa Meyer
Saga: Crónicas Lunares, IV
Sinopsis: Había una vez... una joven princesa que era tan hermosa como la luz del día; que era aún más hermosa que la propia reina. Cinder y sus compañeros lograron suspender la boda real. El nuevo plan es lograr lo imposible: la rebelión en Luna, pero un solo paso en falso puede acabar con la vida y los sueños de todos. Lo que Cinder aún no sabe es que en Luna encontrará una aliada decisiva: una joven que con su belleza y su bondad puede ser la clave para destronar a la reina Levana. ¿Será Winter, la muchacha frágil e ingenua, la que les muestre a los lunares que existe una vida más allá de la manipulación y del terror? En el último tomo de Crónicas Lunares, Marissa Meyer cierra maravillosamente una historia que te mantuvo en vilo, te enamoró de sus protagonistas y te hizo desear el tan esperado “y vivieron felices por siempre”. ¿Sucederá? Con la magia de un cuento de hadas y la emoción vertiginosa de la ficción distópica, Crónicas Lunares atrapa al lector desde la primera página.







Martes. Empezando la semana. Ya empezaba a notarse el calor, y yo caminaba por las calles de Mendoza con un short que me apretaba y un bolso que me pesaba. El camino me lleva a pasar por la librería (¿o yo alteré estratégicamente el camino para pasar por la librería? Nunca lo sabremos) y en la vidriera, rodeado de luces y apoyado plácidamente sobre una pila de otros 7 iguales a él estaba… un libro de Mindfullness. Meh.

Igual entré.

Y entonces lo vi. En el mostrador, rodeado de… otros libros, y apoyado sexymente sobre su escaparate, estaba el último libro de una de las mejores sagas juveniles de 2016: Winter.

Y digo una de las mejores sagas obviamente desde mi opinión y desde mi perspectiva limitada de lectora, soy consciente de que quizás me perdí muchas otras sagas en 2016 que estaban buenísimas (como Seis de Cuervos, que ya me compré y leeré este año) pero para mí, las Crónicas Lunares fueron una experiencia hermosa de disfrute ascendente, donde ninguno de los problemas habituales que encontramos en las sagas juveniles logra eclipsar la fuerza de la historia.

Este libro cierra el arco argumental al mismo tiempo que deja abiertas las posibilidades para imaginar una realidad nueva y mejorable. Lleno de acción, lleva al lector a sectores del universo de Meyer que amplían los horizontes de lo que era posible y de lo que hasta el momento sabíamos que existía en él. Luna deja de ser aquel lugar remoto y extraño, donde los ciudadanos vivían subyugados, para pasar a ser un espacio real, con personas reales y sufrimientos reales.

Por supuesto que, al igual que en los libros anteriores, no hay explicaciones exhaustivas ni detalladas del funcionamiento político, tecnológico, económico ni social de Luna. No es de eso de lo que se trata. Nunca se trató de rigurosidad, ni del universo, ni de cómo podía hacer de ello algo creíble. En realidad, se trata de las protagonistas.



En este libro, Cinder, Scarlet, Cress, Winter e Iko se llevan todos los aplausos. Son personajes perfectamente construidos, cada una con su personalidad definida. Todas tienen sus propios temores, defectos, fortalezas e intereses. Y de una manera no necesariamente directa, ni fácil, ni temeraria, las cinco son las que terminan salvando el día.

Tal como indica el título del libro, es la princesa Winter la última protagonista que se introduce en la historia, y me encanta. Hijastra de la reina, Winter se crió en el palacio bajo la omnipresente mirada de Levana, decidida a no utilizar jamás su don porque lo considera cruel o, como lo expresaría ella, “poco amable”. Como consecuencia de ello, Winter empieza a desarrollar síntomas psicóticos, como alucinaciones visuales y kinestésicas (ve la nieve y siente el frío), aunque nunca pierde su raciocinio (es capaz de recordar, desarrollar estrategias y reconocer patrones de causa-consecuencia). Esto me pareció muy interesante en el personaje, por lo que estoy tentada de hacer una teoría neuropsicológica sobre qué neurotransmisores y vías cerebrales se activarían para el uso del don, y qué ocurriría cuando estas vías no se estimulan debidamente, teniendo como consecuencia la aparición de las alucinaciones. Díganme en los comentarios si les parece interesante, y lo hago.

La personalidad de Winter es tan dulce que todo el tiempo dan ganas de abrazarla. Es que me encanta. Es bondadosa, alegre, e inocentemente seductora. Ella es muy consciente de su propia belleza, y detesta ser el centro de las miradas por ese motivo. Es humilde, y preferiría haber crecido en cualquier residencia de Artemisa antes que en el Palacio. ¿Dije ya que me encanta Winter?

Por supuesto no es perfecta: no confía en absoluto en sí misma, está obsesionada con Jacin, y vive con miedo. Es como si el miedo de haber crecido con Levana se le hubiera enterrado en cada centímetro de su cuerpo, arraigado en lo más profundo, y saliera a la luz de repente en diversas situaciones. Y no la culpo, la verdad.

Levana despliega toda su maldad y su orgullo en este libro. Demuestra ser la más traicionera y mala malísima de las villanas, y menos mal que antes de leer este libro leí Fairest, porque si no me parecería todo muy exagerado y superfluo (lean mi reseña acá). Pero luego de leer ese libro se entiende su resentimiento y su odio, que esconden un sentimiento de inferioridad enorme. Es inteligente, pero el orgullo le juega en contra, y esa es la mayor ventaja de la revolución de Cinder.

Y hablando de eso… la revolución de Cinder es, ciertamente, algo que planearía una chica de 16 años después de leer Los Juegos del Hambre. Es un plan simple y hasta diría que desganado, improvisado, mal pensado. Lo único que puedo decir a su favor es que efectivamente lo ideó una chica de 16 años, y que quizá las revoluciones (por ejemplo, la Revolución Francesa) no estuvieron demasiado planeadas, sino que un día la gente se hartó de vivir mal, salieron a la calle a protestar, la cosa se les fue de las manos y terminaron asesinando a Luis XIV (ponele).

Pero no voy a negar que adoro a Cinder y que a pesar de lo chapucero que fue su plan seguí cada uno de sus pasos con el corazón en la boca, admirando su valentía, su fortaleza y su capacidad para salir siempre adelante. Por otra parte, las apariciones de Cress también destilaban ternura a cada página. Amaba ver cómo, a pesar de estar casi paralizada del miedo, se las rebuscaba para sobrevivir y para seguir adelante con su misión en la revolución; y cómo todo ese miedo desaparecía cuando entraba en su elemento: la programación. 

Pero a estas protagonistas ya las amaba desde sus primeras apariciones. El mayor logro de este libro, creo yo, es que hizo que me reconciliara con Scarlet, y que la entendiera mucho mejor. Quizá este año relea el libro que lleva su nombre para ver si cambia mi opinión sobre él. En Winter, Scarlet aparece como una persona mucho más decidida que impulsiva. Destila seguridad, algo que falta a las otras protagonistas, y eso me parece muy valioso. Como buena pelirroja, es apasionada, comprometida y fuerte. Me gustó mucho.

No suelo hablar de los temas que tocan los libros juveniles porque siempre me parecen demasiado genéricos: el amor, el luchar por los sueños, la libertad. Pero con Winter voy a intentar explicar lo que me hizo reflexionar, que no sé si necesariamente es el tema del libro, ya que hay mucho en él sobre los temas genéricos. Pero yo terminé este libro y me quedé pensando en lo distintas que eran sus protagonistas, en lo reales que me parecían. En que cada una tenía fortalezas y debilidades diferentes. Y en que, así y todo, se habían hecho amigas en poco tiempo, se apoyaban y se protegían entre ellas a toda costa, cada una intentando garantizar la felicidad de la otra de una manera u otra. Entonces pensé que quizás lo que me transmitió este libro fue sororidad.

Un concepto extraño, sororidad: tiene que ver con el compañerismo femenino, con protegerse unas a otras a pesar de las diferencias. No es que Scarlet adorara a Winter, pero vio que la necesitaba y estuvo con ella hasta en las situaciones más terribles. No es que Cress conociera demasiado a Cinder, pero se había comprometido a ayudarla y llevaría su promesa hasta las últimas consecuencias. Así va sucediendo con todas ellas: se protegen, se acompañan, se comprenden. Me gustó mucho cómo Meyer fue tejiendo las relaciones entre ellas (teniendo en cuenta que las cinco pasaron muy poco tiempo juntas), lo sentí reconfortante.

Y por eso me gustó tanto este libro, esta saga. Y la recomiendo para todo aquel que tenga ganas de divertirse y vivir una aventura épica junto a cinco de los mejores personajes femeninos de la literatura juvenil ligera actual.



¿Qué opinan mis comentaristas? ¿Han leído la saga? ¿Planean hacerlo? ¿Están dispuestos a dejarse manipular por mi don lunar para obligarlos a ello?

Lagos, mediados de los noventa. En el marco de una dictadura militar y en una Nigeria que ofrece poco o ningún futuro, Ifemelu y Obinze, dos adolescentes atípicos, se enamoran apasionadamente. Como gran parte de su generación, saben que antes o después tendrán que dejar el país. Obinze siempre ha soñado con vivir en Estados Unidos, pero es Ifemelu quien consigue el visado para vivir con su tía en Brooklyn y estudiar en la universidad. Mientras Obinze lucha contra la burocracia para reunirse con Ifemelu, ella se encuentra en una América donde nada es como se imaginaba, comenzando por la importancia del color de su piel. Todas sus experiencias, desgracias y aventuras conducen a una única pregunta: ¿acabará convirtiéndose en una «americanah»? Americanah, que recoge el término burlón con que los nigerianos se refieren a los que vuelven de Estados Unidos dándose aires, es una historia de amor a lo largo de tres décadas y tres continentes, la historia de cómo se crea una identidad al margen de los dictados de la sociedad y sus prejuicios.





Americanah cuenta las historias de vida de Obinze e Ifemelu, más o menos desde el momento en que se conocen. No es una historia de amor, es una historia de vida, de cómo dos nigerianos que se aman se ven separados por el destino (y cuando digo separados me refiero a separados de verdad, miles de cientos de kilómetros de por medio, y ninguna posibilidad de reencontrarse), y deben buscar la forma de sobrevivir en el salvaje mundo occidental.
Como inmigrantes ilegales, tanto Obinze como Ifemelu tuvieron que pasar por situaciones difíciles, pero es maravilloso cómo de manera más o menos sutil la autora muestra que el género influye en la forma que van tomando esas situaciones para cada uno, cómo se complican y cómo se van solucionando. La historia te va llevando como en una montaña rusa, los protagonistas van pasando por etapas diferentes y no siempre su crecimiento va en dirección ascendente ininterrumpida, sino que sube y baja, avanza y retrocede, según las circunstancias.

De esta forma, Ngoci Adichie refleja muy bien lo que significa tener que buscarse la vida, salir adelante y luchar por la propia felicidad. Ifemelu, la protagonista principal, es una persona atrevida, agudamente observadora, sincera y hasta un poco prejuiciosa. Al viajar a Estados Unidos, descubre el mundo visto desde otra lente –la lente occidental– y durante todo el libro se debate entre el orgullo de pertenecer y querer seguir perteneciendo a su país, Nigeria, y el querer integrarse a la vida del país norteamericano. Está tan bien narrado que uno puede sentir la sensación de inadecuación en carne propia: esa imposibilidad de terminar de sentirse a gusto, a pesar de las comodidades y el éxito que Ifemelu alcanza en Estados Unidos, y cómo, a pesar de sus resistencias, sus experiencias en ese país la van cambiando poco a poco.

Obinze, por su parte, me recuerda a una frase que me solía gustar mucho cuando estaba en la secundaria: “la vida es eso que pasa mientras tenías otros planes”. Él era un chico de sueños inflados, intelectual, tranquilo, honesto. Siempre había admirado mucho Estados Unidos y lo único que quería para su vida era vivir allí, conseguir la ciudadanía y triunfar de alguna manera. Pero, como dice la frase, su vida pasó mientras él hacía otros planes. Le negaron la VISA para ir al país norteamericano, y al verse impedido de cumplir este sueño, tuvo que buscar el éxito por otros caminos.

Si bien Obinze se vuelve mucho más sensato y realista, no cambia demasiado en el curso de su arco argumental. Conserva su personalidad intacta, y observa a su entorno cambiar, asombrándose de las cosas que encuentra. Creo que es un personaje muy honesto consigo mismo, por lo que cuando, por ejemplo (y esto no es spoiler), ve que sus amigos de secundaria se muestran egoístas o indiferentes después de haber alcanzado el éxito, se siente dolido y engañado, e incluso le cuesta creerlo.
Otros personajes cambian mucho a lo largo de la novela: los padres de Ifemelu, cada uno con una personalidad bien diferenciada y definida, pasan por diferentes crisis matrimoniales y económicas, superándolas juntos, y la tía Uju, quien empieza siendo una mujer fuerte y con mucho carácter, pero diferentes circunstancias de la vida van haciendo que se convierta en una persona completamente diferente. Este personaje evoluciona e involuciona a diferentes ritmos, y siempre sus cambios se relacionan a las diferentes circunstancias por las que va pasando. 

Algo que noté y que me chirrió un poco fue el hecho de que Ifemelu no tenía amigas. En realidad, se supone que sí las tenía, ya que ella en ciertos puntos de la novela dice que ha mantenido amistad con algunas de sus compañeras de la secundaria, pero a lo largo de la historia hay pocas escenas donde estas relaciones se mostraran. Por ejemplo, nunca se nos dice que Ifemelu le escribiera mails a Ranyinudo, su amiga que quedó en Nigeria. Tampoco hay ninguna mención a Ginika, la nigeriana que se mudó a Estados Unidos antes que ella, ni a Wambui, la keniata que conoció en Princeton, ni a Kimberly, la rubia que le dio su primer trabajo (pagado en negro) en el país norteamericano. Esta fue una gran falta en la novela y me hubiese encantado leer un poco más sobre todas ellas.
Sin embargo, lo más importante de este libro no es la historia, ni los personajes, ni dónde está situada, sino los temas que trata. Desde que Ifemelu pisa Estados Unidos, la raza y el racismo ocupan un lugar central en todo lo que hace y piensa.
Yo vengo de un país donde la raza no era motivo de conflicto; no pensaba en mí como negra, y me convertí en negra precisamente cuando llegué a Estados Unidos.
La crítica es brutalmente directa, y llena de argumentos fundados en la experiencia. No es que Ifemelu se sienta discriminada, es que ES discriminada, y el único motivo es su color de piel. La autora no se calla nada a la hora de poner en boca de su protagonista todas las grietas que ve formarse en la perfecta imagen de Estados Unidos, y la destroza con una maestría impecable. Hace un recorrido espacial y temporal en cuestiones de raza, analiza con ojo crítico las jerarquías y estratos sociales del país norteamericano, y se burla de la discriminación positiva, así como del exagerado entusiasmo de los blancos al conocer una negra que ellos consideran “exótica” (“sos preciosa”; “tu nombre es tan multicultural”). Este libro invita a la deconstrucción, enseña la manera de comportarse cuando un negro se queja de cuestiones raciales, y afirma sin dar espacio a duda que el racismo en Estados Unidos sigue tan imperante como siempre, solo que más maquillado, lo cual no es nada positivo.
La raza es el tema central que está expuesto con mayor crudeza, pero este libro también habla de machismo y de la identidad. El primero se ve reflejado en escenas más que en discursos (como es el caso del tema de la raza) y lo veo muy bien representado. Por ejemplo, en un momento Ifemelu engaña a una de sus parejas con otro hombre. Al confesárselo, se desarrolla la siguiente escena:
– Le diste lo que quería –dijo X.
Sus facciones se endurecían por momentos. Era un comentario extraño por parte de X, la clase de comentario que haría la tía Uju, quien consideraba que el sexo era algo que una mujer daba a un hombre a costa de sí misma.
En un repentino y vertiginoso arranque de temeridad, rectificó a X.
– Tomé lo que quería yo. Si le di algo, fue secundario.
– ¡Escúchate, joder! ¡Escúchate! –exclamó X con voz ronca–. ¿Cómo has podido hacerme una cosa así? Yo te he tratado bien.
El segundo tema, la identidad, es el alma del arco argumental de la novela, es lo que mantiene a los protagonistas en tensión y buscando más, siempre algo más, para poder encontrarse a sí mismos y alcanzar la plenitud. Podemos ver cómo es esa necesidad tiñe toda la historia como un clima emocional: en Ifemelu, con un constante sentimiento de inconformidad, y en Obinze, en una sensación de hastío permanente frente a su vida. Este clima va y viene según las circunstancias por las que pasan los protagonistas, unas veces es muy notoria y casi tangible, y otras es tan tenue que parece haber desaparecido.

En resumen, Americanah es un libro excelentemente escrito, que habla sobre la raza como probablemente pocos autores habían hablado hasta el momento. La narración es excelente: contundente, lírica y expositiva, todo al mismo tiempo. Un orgasmo literario. El único punto negativo que le veo es el hecho de que es demasiado largo, le sobran páginas por todos lados. La historia es lineal, no tiene grandes nudos, por lo que muchas veces sentí que las cosas se alargaban porque sí, o solo para poder seguir exponiendo cuestiones de raza. Que, por otro lado, me resultaban muy interesantes. Pero me irritaba el hecho de tener que pasar por unas cuantas escenas insulsas antes de llegar a eso.

Pero en fin, me encantó. Vale la pena leerlo sólo por atesorar los pasajes del blog de Ifemelu, y las burlas que hace la autora a la cultura occidental. Es divertido, entretenido e importante. Este libro debería ser leído en muchos ámbitos, sobre todo el educativo.

Lo recomiendo mucho, ya que cumple lo que promete y mucho más, y es una excelente lectura de verano, dinámico y fluido. Así que este es mi puntaje:



Y ustedes, mis comentaristas, ¿han leído a esta autora? ¿O quizás algún libro que toque los temas de los que trata Americanah? ¡Díganme en los comentarios!

Un relato escalofriante, una historia real que nos sume en el estupor, que es un viaje al corazón del horror, un libro excepcional que ha sido comparado con "A sangre fría" de Truman Capote.
El 9 de enero de 1993, Jean-Claude Romand mató a su mujer, sus hijos, sus padres e intentó, sin éxito, darse muerte. La investigación reveló que no era médico, tal como pretendía y, cosa aún más difícil de creer, tampoco era otra cosa. Mentía desde los dieciocho años. A punto de verse descubierto, prefirió suprimir a aquellos cuya mirada no hubiera podido soportar. Fue condenado a cadena perpetua.
"Yo entré en relación con él, asistí a su proceso", dice el autor. "He intentado relatar con precisión, día tras día, esta vida de soledad, de impostura y de ausencia. Imaginar lo que bullía en su mente a lo largo de las horas vacías, sin proyecto ni testigos, cuando se suponía que estaba trabajando y en realidad pasaba el tiempo en parkings de autopistas o en los bosques del Jura. Comprender, en fin, lo que en una experiencia humana tan extrema me ha tocado tan de cerca y que nos afecta, creo, a cada uno de nosotros".

Que no los engañe esa portada horrible. Este es un libro que, donde lo encuentres, tenés que leer.

Lo descubrí por recomendación de Eugenia Zicavo y Nicolás Artusi (click en sus nombres para ir a sus perfiles de Twitter), que tienen un podcast en Posta donde hablan de libros, llamado Señaladores (si no saben lo que es un podcast, vayan a leer el artículo que escribí sobre eso). La cuestión es que desde que lo recomendaron me quedó una fijación con esta historia, que por cierto es real, y en cuanto pude pasar por una librería revolví todo hasta encontrar el libro. Llegué a mi casa y en dos sentadas (que podría haber sido sólo una, de no ser por mi reciente afición a quedarme dormida temprano) lo terminé. Gasté veintiséis post-it, algo insólito en mi historial de lectura. Y mi mente todavía está intentando recomponerse de la impresión que me generó esta historia.
Carrère es un escritor francés, y como tal no se libra de esa impronta tan especial que suelen tener sus coterráneos. Un estilo profundo pero a la vez desapasionado, lleno de reflexiones extremadamente interesantes, y, por supuesto, de referencias a grandes autores de la literatura, la filosofía y el psicoanálisis (aunque éste no sea mi enfoque psicológico de preferencia, puedo disfrutarlo al ser un texto de intenciones puramente estéticas y de entretenimiento).

Este libro no es una novela, sino un texto de no ficción, una narrativa contada desde el punto de vista del autor pero que a su vez conserva un cierto encanto literario. Carrère en todo momento busca exponer con la mayor objetividad posible los hechos, pero al mismo tiempo reflexiona profundamente sobre el caso, y, sin poder evitarlo, sobre la naturaleza humana.


Para mirar de frente, sin complacencia morbosa, la oscuridad en que ha estado usted, en la que todavía se halla inmerso, hay que creer que existe una luz bajo la cual todo lo que ha sido, incluso la desdicha y el mal excesivos, se nos hará inteligible.

Jean-Claude es un hombre amable, pacífico, vacío. No es posible ir más allá en la descripción de este personaje que es una persona real (DIOS MÍO, ESTE SER EXISTE DE VERDAD), porque eso es todo. Este hombre es una mentira, es un ser bidimensional: de un lado está la farsa, del otro lado el vacío. Jean-Claude es un misterio, es un agujero negro de identidad. Así lo describe el equipo de psiquiatras que lo examinó después de la tragedia:

Le será para siempre imposible ser percibido como auténtico, y él mismo tiene miedo de no saber nunca si lo es (...) él mismo no sabe qué creer, porque no tiene acceso a su propia verdad, sino que la reconstruye con ayuda de las interpretaciones que le ofrecen los psiquiatras, el juez, los medios de comunicación.

Para poder escribir esta historia, Carrère mantuvo durante varios años una relación epistolar (por carta, dicho en criollo) con Jean-Claude Romand. Transcribe en este libro algunas de las cartas que intercambiaron, tanto las suyas propias como las que le envió Jean-Claude. Sorprende leer la tranquilidad con la que este hombre es capaz de hablar de las cuestiones que lo llevaron mentir durante 20 años y cometer cinco asesinatos a sangre fría. Sorprende la autocompasión que lo domina, y que ignora (o elige ignorar) que la muerte de su familia se produjo por su propia mano, una mano fría, implacable, indiferente.

Carrère navega entonces entre la concepción de la bestia, del monstruo que asesinó a su esposa, a sus hijos, a sus padres y a su perro, que mintió y estafó descaradamente a todos sus seres queridos; y el ser manifiestamente amable e inofensivo, frágil en su fuero más íntimo, incomprensible para todo el mundo, incluido él mismo. El autor se hunde en la psicología de este hombre y vuelve a salir a la superficie sin haber encontrado nada. Jean-Claude será para siempre un misterio.


Una mentira, normalmente, sirve para encubrir una verdad, algo vergonzoso, quizá, pero real. La suya no encubría nada. Bajo el falso doctor Romand no había un auténtico Jean-Claude Romand.

Respecto de la trama del libro (si es que puede llamarse así, dado que es una narrativa de no ficción), el autor centra el desarrollo de la historia en el juicio de Romand, pero al mismo tiempo, al mejor estilo El exorcismo de Emily Rose, nos cuenta la vida del asesino a través de flashbacks y de los testimonios de los testigos, desde su infancia hasta el momento en que decidió dar el golpe final para destruir las vidas de todos a su alrededor. Busca, sin encontrarla, una razón biográfica para las atrocidades que llegó a cometer, y describe con incredulidad las largas horas vacías en las que Romand se encontraba con su identidad imposible: la nada.

Finalmente, respecto al tema del libro voy a hacerme a un lado y ceder la palabra a uno de los críticos que aparecen en la contraportada de la edición publicada por Anagrama: Jérôme Garcin, de la revista francesa Le Nouvel Observateur, que describe a El Adversario como un "libro magistral sobre lo falso, la ilusión y los dobles maléficos". Creo que yo no podría haberlo dicho mejor, aunque agregaría una cosa: este es un libro que habla también sobre la identidad, y sobre la imposibilidad de aprehender esa faceta de la naturaleza humana una vez que la has asociado de una manera tan acérrima a la falsedad.

Porque todos construimos nuestras propias máscaras. Todos nos narramos a nosotros mismos una historia sobre nuestra vida, sobre quiénes somos. Y todos nos esforzamos por creerla, por legitimarla, por hacerla real. Solo que Jean-Claude fue más allá, creó su historia y jamás la actuó, jamás se asió de lo concreto para sostenerla. Y un día, porque solo era cuestión de tiempo, todo se desvaneció.


Me parece que empiezo a percibir esa voz interior cargada de sentido que hasta ahora sólo ha podido manifestarse a través de los síntomas o del paso a los actos. Tengo la intuición de que es esencial oír en mí una palabra que encuentre confirmación escuchando a otro y a lo que habla dentro de él. Me parece también que esa imposibilidad que usted tiene de decir "yo" a propósito de mí procede en parte de mi propia dificultad de decir "yo" respecto a mí mismo (...) es cruel pensar que si hubiese tenido, a tiempo, acceso a ese "yo" y, en consecuencia, al "tú" y al "nosotros", habría podido decirles todo lo que tenía que decirles sin que la violencia hiciera imposible la continuación del diálogo.
Jean-Claude Romand, en una carta a Carrère. 1996

Un solo día puede cambiar todos tus planes. Y aunque no sea por tu culpa ni tu decisión, sufrirás las consecuencias... ¿para siempre?
Emmy solo pretende hacerse cargo de su propia vida. Quiere salir, surfear y hasta estudiar sin el implacable control de sus padres. Pero ellos no se atreven a darle libertad; no desde hace diez años, cuando Oliver desapareció.
Oliver necesita tiempo para comprender. Creció pensando que su padre era genial. Nunca imaginó que lo tenía secuestrado, huyendo de su madre y de la ley. Descubrirlo y regresar a su ciudad hacen que su corazón tambalee y que ya no sepa bien quién es.
Emmy y Oliver iban a ser los mejores amigos siempre. Y podrían haber sido mucho más... antes de que sus futuros fueran destruidos. A pesar del espacio y el tiempo separados, Emmy nunca perdió la conexión interior. Pero ¿podrá Oliver reencontrarse con ella y con él mismo?
Una novela sobre los amigos, la familia, la identidad, los miedos cotidianos y el torbellino que significa crecer con un corazón partido.


Esta novela ha resultado ser una sorpresa muy, muy grata para mí. Si bien suelo leer juvenil, por lo general mis lecturas en esta categoría suelen ser de fantasía o distopía, no incursiono mucho en el romance porque no es... digamos... mi género favorito. Sobre todo si es juvenil.

Pero Emmy&Oliver resultó ser una historia tremendamente interesante, cuya trama va mucho más allá de la relación que pueda desarrollarse entre los dos protagonistas. De hecho, su relación es solo una pequeña parte de todo lo que ocurre en el libro, y corre por un cauce muy distinto del que me imaginaba cuando comencé a leerlo.

Emmy es una chica de 16 años muy responsable y estudiosa, pero con una vena rebelde que le resulta difícil ocultar. O demasiado fácil, ya que lleva años ocultándole a sus padres que todas las semanas saca su tabla de surf (que compró a escondidas) y se va a la playa a montar olas. El único punto negativo que le encontré a esta historia, viene de la mano de la personalidad de su protagonista: me enervaba y me ponía muy nerviosa que fuera incapaz de hablar con sus padres, que "para no preocuparlos" se sometiera estrictamente a sus reglas sin discutir, y que luego les mintiera de manera tan descarada para huir de ellos.

Emmy tiene dos amigos inseparables: Drew, un chico divertido, y, en mi opinión, muy buen consejero, de familia muuuy pudiente pero un poco corta de miras; y Caro, hija menor de cinco hermanos, súper ordenada e inteligente, gran compañera de aventuras para sus amigos.

Pero a estos tres chicos los une algo más que haberse conocido en jardín de infantes: cuando estaban en primaria, los tres eran amigos de Oliver, el vecino de Emmy, quien desapareció a los 7 años luego de ser secuestrado por su padre a la salida de la escuela.

Y, de repente, después de diez años de silencio, sin previo aviso, Oliver vuelve a aparecer.

De esta manera, la historia va a girar en torno a varias temáticas: el reencuentro de una amistad perdida hace años, la propia identidad, el valor para mostrarnos tal cual somos y luchar por nuestros sueños.

La novela, que podría ser muy simple y sosa, se ve atravesada por la sombra de la desaparición de Oliver, que ahora debe reconstruir una vida que le fue arrebatada, o más bien intercambiada, a la fuerza. Sin embargo, la historia es fresca, divertida y fluida, no abusa del drama ni se centra en lo horroroso del secuestro. Todo lo contrario, Emmy irá descubriendo que las cosas ocurrieron de manera muy distinta para Oliver, y que el hecho de haber vuelto transformó su vida de manera tan drástica como fue su desaparición para aquellos que quedaron en el pueblo.

No solo han sido los chicos quienes se vieron afectados por esto. Sus padres, en especial los de Emmy, se ven invadidos por una especie de ansiedad paranoica por la seguridad de sus hijos, y los controlan todo el tiempo. No para Caro, que al ser la menor de 5 hijos tiene el listón bastante suelto, ni para Drew, cuyos padres viven en viajes de negocios. Pero para Emmy, y más tarde también para Oliver, sus padres constituirán una especie de prisión de la que sólo podrán escapar a través de las mentiras. Emmy ni siquiera se ve capaz de contarles acerca de su pasión, que es el surf. Y esto va conformando una tensión creciente en la trama que finalmente estallará en la cara de todos.

En fin, en esta maravillosa historia se conjugan un montón de temas súper importantes, y enseña cosas que deberían aprender no sólo los chicos, sino también los grandes.


ESCENA PREFERIDA
-Entiendo -Oliver había sacado el codo por la ventana, el aire le despeinaba el cabello y se lo volvía a acomodar en la frente-. Así que, ¿hace cuánto que Drew es gay?
De repente, me enfurecí y le dije con voz cortante:
-Eh, ¿desde que lo concibieron?
-No, quiero decir, perdón, no quería decir eso. Quiero decir, ¿cuándo salió del clóset? ¿O todavía no lo hizo?
"Contrólate, tigresa", me dije a mí misma. "Son sólo preguntas inocentes".
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