Qué tipo enfermo de la cabeza, ese Alex, ¿no? Ama la violencia por la violencia, es inconsciente hasta la médula, no le importa absolutamente nada. Es un alma malvada pululando por las calles de una ciudad librada al crimen y a la locura.
Entonces tenemos un Alex impulsivo, lleno de ira y de deseo sexual, que lo hace todo porque sí. Como ya dije en mi reseña de La naranja mecánica, Alex se aburre, entonces destruye. Y sólo por eso, este Alex es extremadamente peligroso para sí mismo, pero sobre todo para los demás.
Algo muy importante para destacar de los niños con un trastorno de conducta disocial es que tienen muy poca empatía, o no tienen en absoluto. ¿Qué es la empatía? Según Wikipedia, es:
Resulta que Alex es absolutamente incapaz de estos sentimientos. Cuando daña a otros, no se percata de que sus acciones pueden tener consecuencias a largo plazo para sus víctimas, a menos que esas consecuencias lo afecten a él directamente. Para él, "ser malo" es un negocio, un estilo de vida, y así como se respeta la forma de ser de los buenos, el mundo debería respetarlo también a él. Aunque otras personas salgan heridas por ello.
En La naranja mecánica, vemos que Alex y sus drugos realizan todas y cada una de estas acciones en un puñado de capítulos, y parecen disfrutar enormemente con ello. La ausencia total de empatía se evidencia a cada minuto.
En este sentido, entonces, resulta que cuando le quitamos la violencia al protagonista, también la vida pasa a ser para él algo inasequible, incomprensible, porque se le hace difícil conectar con otras personas e interesarse por ellas. Todas sus tendencias lo han arrastrado siempre a quebrantar la ley, a destruir y dañar, pero cuando esto le es arrebatado de la manera más artificial y repentina, su vida parece truncarse y todo va de mal en peor.
Sin embargo, la mentira como acto transgresor persiste, ya que podemos atisbar que Alex, a pesar de no lograr golpear directamente a alguien debido a los efectos del experimento Ludovico, se mofa internamente de su bondad, mientras que en el exterior se muestra como un perfecto señorito inglés.
Sin embargo, el curso de este trastorno es variable, y puede evolucionar hacia un trastorno de personalidad antisocial (algo así como un psicópata/sociópata en toda regla), o remitir completamente y pasar a ser un adulto normal.
En sus manos está, queridos lectores, el descubrir en qué dirección decantó la historia del protagonista de La naranja mecánica, ese adolescente lleno de demonios que tuvo que transitar un camino de lecciones y castigos para descubrir la verdadera esencia de la existencia humana.
¿Es posible la existencia de una persona así? ¿Es posible esa total y completa indiferencia ante el dolor del otro? Lo que es aún más intrigante: ¿puede un adolescente de 15 años descarriarse hasta este punto?
La respuesta rápida es sí, puede. Tenemos la prueba frente a nosotros, todos los días en los noticieros: niños matándose entre sí, llevando armas a las escuelas. Niños que roban, y que matan o hieren para robar. Niños y adolescentes que matan en la guerra, disfrazados de soldados pero con armas de verdad. Tenemos películas basadas en hechos reales, como Ciudad de Dios (si no la vieron, véanla porque es increíble), que nos revelan una violencia mucho mayor a la imaginable en niños pequeños, pero pequeños de verdad, de no más de cinco años.
En fin, hemos visto demasiadas pruebas de que la violencia en la infancia sí existe, es posible. Pero lo de Alex es... es escalofriante, extraño e intrigante.
En fin, hemos visto demasiadas pruebas de que la violencia en la infancia sí existe, es posible. Pero lo de Alex es... es escalofriante, extraño e intrigante.
Porque, según mi teoría, Alex no es un adolescente normal, sino que padece una enfermedad mental: el trastorno de conducta disocial.
"La característica esencial del trastorno disocial es un patrón de comportamiento persistente y repetitivo en el que se violan los derechos básicos de los otros o importantes normas sociales adecuadas a la edad del sujeto." - DSM-IV (ya sé que ya salió el V, pero todavía no he podido estudiarlo bien, ok? Van a tener que disculparme en eso)Este trastorno, que está incluido dentro de los manuales psiquiátricos de clasificación diagnóstica, tiene su inicio en la infancia o en la adolescencia. Como debemos recordar, Alex no tiene 20 años (como parece en la película) sino que tiene unos dulces y tiernos 15 años. La flor de la adolescencia, cuando las hormonas están en el auge de su gobierno sobre la conducta.
Entonces tenemos un Alex impulsivo, lleno de ira y de deseo sexual, que lo hace todo porque sí. Como ya dije en mi reseña de La naranja mecánica, Alex se aburre, entonces destruye. Y sólo por eso, este Alex es extremadamente peligroso para sí mismo, pero sobre todo para los demás.
Algo muy importante para destacar de los niños con un trastorno de conducta disocial es que tienen muy poca empatía, o no tienen en absoluto. ¿Qué es la empatía? Según Wikipedia, es:
"La participación afectiva de una persona en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona".Es decir, es la capacidad para ponerse en el lugar del otro, y decir "che, creo que le estoy haciendo daño. Quizá debería parar". O al contrario, si alguien está muy feliz, poder identificarnos con esa felicidad ajena y sentirla también, genuinamente, en nuestro propio corazón.
Resulta que Alex es absolutamente incapaz de estos sentimientos. Cuando daña a otros, no se percata de que sus acciones pueden tener consecuencias a largo plazo para sus víctimas, a menos que esas consecuencias lo afecten a él directamente. Para él, "ser malo" es un negocio, un estilo de vida, y así como se respeta la forma de ser de los buenos, el mundo debería respetarlo también a él. Aunque otras personas salgan heridas por ello.
"Si los liudos -muchachos, en nadsat- son buenos es porque les gusta, y ni se me ocurriría interferir en sus placeres, así que lo mismo deberían hacer en el otro negocio. Y yo soy cliente del otro negocio."Normalmente, los niños que sufren este trastorno transgreden la ley, es decir, no son simples niños traviesos, sino que van más allá causando daños a otros niños, a otras personas mayores y hasta a animales, obteniendo satisfacción con ello. También son comunes la destrucción de propiedad pública o privada, las mentiras, las fugas de casa durante la noche, los robos, etc. Y, por lo general, no demuestran tener sentimientos de culpa o remordimiento por sus acciones.
En La naranja mecánica, vemos que Alex y sus drugos realizan todas y cada una de estas acciones en un puñado de capítulos, y parecen disfrutar enormemente con ello. La ausencia total de empatía se evidencia a cada minuto.
"Poco después corríamos entre árboles de invierno y sombras, hermanos míos, todo estaba oscuro, y en un lugar los faros alumbraron algo grande con una rota -boca- que gruñía y mostraba los dientes, y luego gritó y reventó bajo el auto, y el viejo Lerdo en el asiento trasero casi se orina de risa."Este es uno de los fragmentos que más me dolió de todo el libro, porque te metiste con los animales, Alex. Con los animales no, porque se me estruja el corazón. ¿Ven? Eso es empatía, algo que el protagonista no alcanza a comprender.
En este sentido, entonces, resulta que cuando le quitamos la violencia al protagonista, también la vida pasa a ser para él algo inasequible, incomprensible, porque se le hace difícil conectar con otras personas e interesarse por ellas. Todas sus tendencias lo han arrastrado siempre a quebrantar la ley, a destruir y dañar, pero cuando esto le es arrebatado de la manera más artificial y repentina, su vida parece truncarse y todo va de mal en peor.
Sin embargo, la mentira como acto transgresor persiste, ya que podemos atisbar que Alex, a pesar de no lograr golpear directamente a alguien debido a los efectos del experimento Ludovico, se mofa internamente de su bondad, mientras que en el exterior se muestra como un perfecto señorito inglés.
"Pero yo no debía abrir la rota -boca-, pues ahora necesitaba ayuda y bondad. Los horribles y grasños brachnos -sucios bastardos- de aquel terrible mesto -lugar- blanco me habían hecho así, obligándome a necesitar bondad y ayuda, e imponiéndome el deseo de dar yo mismo bondad y ayuda, si alguien quería recibirlas (...) Hermanos, yo no entendía ni un slovo -palabra-, aunque tenía la rota -boca- bien abierta para responder a todas las preguntas."Con esto quiero destacar que el trastorno de conducta disocial no es algo que pueda truncarse de un día para el otro con un simple tratamiento de condicionamiento clásico (cosa que también explico un poco en mi reseña del libro), sino que requiere un arduo trabajo de aprendizaje, donde el sujeto pueda desaprender esas conductas desadaptativas (porque van en contra de las normas sociales y, por lo tanto, lo convierten para siempre en un marginado), y aprehender nuevas formas de interacción con el mundo, dando así un nuevo sentido a su vida.
Sin embargo, el curso de este trastorno es variable, y puede evolucionar hacia un trastorno de personalidad antisocial (algo así como un psicópata/sociópata en toda regla), o remitir completamente y pasar a ser un adulto normal.
En sus manos está, queridos lectores, el descubrir en qué dirección decantó la historia del protagonista de La naranja mecánica, ese adolescente lleno de demonios que tuvo que transitar un camino de lecciones y castigos para descubrir la verdadera esencia de la existencia humana.













