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En esta trepidante y adictiva novela, una exagente que huye de la organización en la que trabajaba deberá aceptar un último caso para limpiar su nombre y salvar su vida.

Antes trabajaba para el gobierno de Estados Unidos, aunque casi nadie lo sabía. Como experta en su campo, era uno de los secretos más oscuros de una agencia tan clandestina que ni siquiera tiene nombre. Hasta que la consideraron un lastre, y fueron a por ella sin avisar.

Ahora rara vez se queda en el mismo lugar o utiliza el mismo nombre durante mucho tiempo. Ya han matado a la única persona en quien confiaba, pero sabe algo que sigue suponiendo una amenaza. La quieren muerta, y pronto.

Cuando su antiguo jefe le ofrece una salida, comprende que será su única oportunidad de borrar la enorme diana que lleva dibujada en la espalda. Pero eso implica aceptar un último encargo. Y, para su horror, la información que consigue vuelve aún más peligrosa la situación.

Decidida a afrontar el desafío cara a cara, empieza a prepararse para la peor pelea de su vida, mientras se da cuenta de que se está enamorando de un hombre que solo puede complicar sus posibilidades de supervivencia. Ahora que sus opciones menguan a marchas forzadas, deberá aplicar su especial talento de formas en las que nunca antes habría soñado.
*suspira*
Bueno, chicos... volvió Meyer.


La Química, como nos dice la sinopsis, cuenta la historia de cómo una exagente de un departamento ultra secreto del gobierno estadounidense (es tan ultrasecreto que no tiene nombre) debe huir luego de que los grandes mandos comienzan a considerarla peligrosa por lo que sabe, e intentan asesinarla.

Al principio del libro, Meyer nos muestra cómo esta mujer (que tiene un nombre diferente en cada capítulo, así que por motivos prácticos de ahora en adelante la llamaré Alex) ha logrado burlar durante tres años al gobierno, que ya ha intentado asesinarla (y fallado) tres veces. Alex tiene una personalidad práctica, persistente, perfeccionista y obsesiva, con el toque adecuado de paranoia, dadas las circunstancias. Es, además, médica, y lo que solía hacer en el gobierno no era exactamente curar a los soldados heridos.

Por si no lo habían imaginado, se los digo: Alex era una interrogadora, que es una manera bonita de decir que torturaba a la gente para sacarle información. Además, se dedicaba a la investigación para encontrar formas más refinadas y sutiles de hacer que una persona confesara la verdad. Entonces podemos decir que era una experta en química, de ahí el título del libro.

La historia hasta acá venía bien: tenía intriga, suspenso, una protagonista interesante y algunos plot-twist un poco predecibles, pero decentes.

Pero entonces, aparece el hombre más irritante del planeta.


Daniel es la persona más bonachona que existe, tanto, que ya resulta poco creíble. Y lo peor de todo es que, al cruzarse con Alex, la historia pierde ritmo y el personaje de ella se vuelve cada vez menos interesante. Lo que en un principio parecía una de esas novelas donde no podés parar de leer y de formular teorías a medida que lo haces, terminó convirtiéndose en una especie de historia country de carretera, llena de escenas cursis, viajes en auto y perros, muchos perros. Ah, y por supuesto: instalove.

Si bien hay varios momentos en los que la tensión sube y la acción se pone en marcha, hay muchos puntos muertos en la novela, que le sirven a Meyer para hacer avanzar la historia de amor. El problema es que NO ME IMPORTA LA HISTORIA DE AMOR, sinceramente. No soporto cómo el interés amoroso vuelve más lenta a Alex, menos perfeccionista, menos alerta, más arriesgada. Y me molesta mucho también que eso no tenga consecuencias. Es decir, en los primeros capítulos parecía que no podía ni tirarse un pedo porque el Estado podía identificarla por su olor, y de repente, solo porque está con él, se permite irse a dormir sin establecer ninguna de sus medidas habituales de seguridad, ¡y no pasa nada! Todo sale bien.


Lo único que no sale bien, por supuesto, es lo que ya te esperas que no salga bien. Daniel comete errores garrafales, que me dan ganas de revolearle algo por la cabeza, y nadie se enoja, todos dicen pobre Daniel, ¡ni siquiera se molestan en explicarle cómo funcionan las cosas para que no vuelva a meter la pata! Si yo fuese Alex, le habría gritado unas cuantas cosas.

(Si se preguntan por qué hablo en plural, es porque a lo largo de la novela se van incorporando personajes al team, pero no quiero spoilear diciendo quiénes son)

Los personajes en general son bastante unidimensionales, aunque pueden apreciarse algunos matices, sobre todo en Alex. Pero siempre está claro quién es la inteligente, el bonachón, la sexy y el valiente. Y obviamente quién terminará con quién. Además, todos son quienes dicen ser: no hay identidades ocultas, ni trampas, ni traiciones. En ese sentido, casi no hay sorpresas en este libro que supuestamente es un thriller.


El punto fuerte de esta novela, y que me empujó a terminarla, es el estilo de Meyer. Hay que reconocerlo: tiene una manera de contar historias que atrapa, aunque te esté contando el avance de un caracol en el asfalto. Sabe cómo narrar una escena de acción, y sabe cómo derretirte de ternura en una escena romántica. Sus palabras hipnotizan y hacen avanzar la historia fluidamente, añadiendo un poco de tensión en los puntos muertos para que no se vuelvan tan aburridos, y escondiendo la suficiente información en los picos de acción para mantener el suspenso.

En conclusión: La Química resultó ser una mala historia, pero contada de maravilla. La disfruté, pero tiene muchas fallas, cosas que Meyer arrastra desde Crepúsculo y no ha mostrado mucha mejoría. Por momentos mantiene un ritmo trepidante para luego decaer en puntos muertos donde nada ocurre, y lo mismo pasa con los personajes: parecen tener un potencial enorme que a veces es aprovechado, y otras veces desaparece.

Decidí abrir esta nueva sección en mis reseñas para poder reflexionar respecto a este tema. Probablemente no aparezca en todos los libros que reseñe, sino sólo en los que me parezca que el tema es relevante. Y la verdad es que La Química me rompió bastante mis ovarios violetas.

A ver. Es que hay cosas que me superan. Necesito citarlo, porque no sé cómo contarlo sin tirar las buenas formas por el inodoro:
"La cercanía de (él) la confundió,  pero no la asustó como habría ocurrido con casi cualquier otra persona del planeta. (...) Sin embargo, no comprendía lo que estaba haciendo, ni siquiera cuando (él) bajó lentamente la cara hacia la suya y empezó a cerrar los ojos. Ni se le ocurrió que estaba a punto de besarla hasta que sus labios entreabiertos estuvieron solo a un suspiro de los de ella.
Comprenderlo la sobresaltó (...) Se agachó por debajo del brazo de (él) para liberarse. Se alejó unos metros con rápidas zancadas y dio media vuelta para encararse hacia el origen de la alarma, medio acuclillándose en actitud de combate. (...)
(Él) Volvió a acercarse a ella y Alex se obligó a no retroceder. Confundida o no, sabía que su reacción exagerada y salvaje había sido de mala educación. No quería herir sus sentimientos." 
Quiero que presten atención a esa última frase. ¿Alguien dijo consentimiento? Es claro que ella no está preparado para besarlo. Es más, hasta el momento ni siquiera se lo había planteado, y no sé si soy yo o qué, pero la tensión romántica entre ellos no había crecido lo suficiente en ese momento.

Pero aunque la tensión hubiese estado por las nubes: ella claramente no está preparada para besarlo. Sin embargo, rechazarlo es "de mala educación" y ella "no quiere herir sus sentimientos". ¿En qué mundo vivimos? ¿Por qué no es él quien se plantea esperar, en nombre de la buena educación? ¿Por qué es ella quien debe forzarse a besarlo, a pesar de no sentirse cómoda con ello?

Esto no es una crítica a Meyer como autora. Aunque está claro que este pasaje es sumamente machista, no creo que ella se haya dado cuenta, porque se nota que ha puesto mucho esfuerzo en crear una protagonista femenina fuerte y dueña de su vida. Sin embargo, es importante señalar estos micromachismos porque dan cuenta de la forma en que hemos sido criadas: debemos caer bien, debemos ser buenas, debemos tolerar cosas para no herir los sentimientos de los demás. Y ellos no pueden esperar, sería de mala educación hacerlos esperar.

Otra cuestión que me llamó la atención es que Alex se menosprecia muchísimo en cuestiones de sexo y amor. Si bien ha tenido relaciones sentimentales/sexuales con otros hombres, está convencida de que ellos siempre la han elegido porque no había ninguna otra mujer cerca. No comprende que alguien pueda querer estar con ella, y esto refleja una inseguridad que me pareció impropia del personaje, a la vez que encajaba con el cliché de "es exitosa pero infeliz por no estar en pareja". Por un lado, Alex confía únicamente en sí misma, es sumamente inteligente y se sabe capaz, mientras que por otro, no se considera "suficiente" para atraer a un hombre. ¿Es eso coherente? Yo la verdad es que creo que no.

¿Por qué esa necesidad de Meyer de poner a las mujeres como las inseguras de la relación? ¿Por qué necesita ponerlas en esa situación de embelez para con sus parejas? La verdad es que irrita mucho, y no encaja con el personaje que había creado hasta el momento. Alex se muestra, ante todo, pragmática. Y no me creo que un simple enamoramiento pueda hacerla perder esa característica tan férrea de su personalidad, sobre todo cuando eso implicaría poner en riesgo su vida y la de él.

En fin, yo no voy a decirle a la autora cómo construir sus personajes. Sin embargo, da que pensar que las inseguridades de Alex estén justo donde los estereotipos lo indican. Como si una mujer enfocada en su trabajo tuviese que ser siempre insegura o infeliz, como si la falta de pareja la hiciera incompleta. Simplemente no me cuadra.


En fin, chicos, hasta acá la reseña.
¿Ustedes qué piensan? ¿Han leído el libro? ¿Les gustaría leerlo?
¡Díganme en los comentarios!
La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción «perversa» por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humbert Humbert. Lolita es también un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel. En resumen, una exhibición deslumbrante de talento y humor a cargo de un escritor que confesó que le hubiera encantado filmar los picnics de Lewis Carroll.
Creo que Lolita es el primer libro del año que no me ha gustado. Y es difícil reseñar un libro que no te gustó, sobre todo si ese libro es un clásico aclamadísimo de la literatura. Y más todavía cuando la amiga que colabora en tu blog lo ha leído y te lo ha recomendado con insistencia, publicando una reseña de la adaptación de ese libro una semana antes de que puedas terminar de leerlo. Porque sinceramente se me hizo demasiado difícil terminar de leerlo.
Humbert Humbert es un profesor francés que, desde el comienzo del libro, se nos revela un pedófilo declarado. Tiene cierta fijación con las niñas de entre 9 y 14 años que presentan características específicas (es decir, no todas las niñas, sino sólo las de esa edad y, dentro de ese grupo, las que tienen ciertos rasgos) a quienes llama "nínfulas", y afirma en todo momento que se siente maldecido y tentado, con una suerte de fuerza demoníaca, por ellas.

Humbert nos expone, a lo largo de todo el libro, explicaciones pseudopsicoanalíticas (digo pseudo porque no termina de haber un verdadero análisis de este tipo) de su gusto por estas niñas, y a su vez deja entrever que, desde su punto de vista, las nínfulas conocen su condición y se muestran provocadoras adrede.

No me molesta que el libro sea machista, de hecho, he leído miles de historias en contextos donde el machismo es mucho más, si no extremo, al menos explícito. Lo que me ha molestado, más bien, es lo invisibilizado que está el machismo de Humbert a lo largo de todo el relato.
"Abiertamente, yo mantenía las relaciones llamadas normales con cierto número de mujeres terrenas (...); secretamente, me consumía en un horno infernal de localizada codicia por cada nínfula que encontraba y a la cual no me atrevía acercarme, como un pusilánime respetuoso de la ley. Las hembras humanas que me era permitido utilizar no servían sino como agentes paliativos."
O sea, de verdad. Ese es un fragmento real de uno de los primeros capítulos del libro. Pero no hay arrepentimiento, no hay redención, no hay una lección siquiera para este personaje que habla de esta forma de las mujeres y va por la vida considerándolas como simples objetos sexuales.
En un momento dado conocemos a Lolita, púber de 12 años, traviesa e inocente, quien vive con su madre viuda en un poblado de Estados Unidos. Humbert se enamora en una suerte de instalove de ella, y juntos establecen una relación de complicidad al margen de la mirada de su madre, que se va volviendo, poco a poco, cada vez más perversa a los ojos del lector.

A medida que iba leyendo la primera parte del libro, me desesperaba más y más por esa niña que, según yo creía, iba a terminar siendo violada por el protagonista (esto no es spoiler, sino que vendría a ser mi teoría inicial sobre el libro). Sufría por ella y por su inocencia, que la llevaba a acercarse a él y jugar de formas que lo volvían loco. Durante toda la primera parte, Humbert construye planes para quedarse con la custodia de Lolita, para alejarla de cualquiera que pueda protegerla y dejarla completamente a su merced. 

Hasta acá, el libro me atrapaba. Me mantenía enganchada el hecho de velar por la seguridad de Lolita. Como no me sentía identificada para nada con Humbert, me agarré a esa niña como quien se aferra a un clavo ardiendo.

Pero entonces me adentré en la segunda parte.

Y no podía leer dos páginas sin quedarme dormida.
Empecé a decidir que este libro no me gustaba cuando iba por el 60% de su lectura (lo leí en Kindle, así que no tengo idea qué página sería eso), cuando nuestro protagonista Humbert Humbert decidió emplear un capítulo completo para nombrar todos los pueblos, tiendas y hoteles que había visitado en su viaje con Lolita. Disculpe, señor Humbert (o debería decir señor Nabokov), pero no estoy interesada en hacer un tour por Estados Unidos. ¿Podemos proceder con la historia, por favor?

En ese momento lo decidí y comencé a darme cuenta de que odiaba al protagonista, de que no estaba de acuerdo con ninguna de sus acciones e ideas, algunas de las cuales (sobre todo la última) me parecían estúpidas, egoístas y tremendamente narcisistas.

H.H. justifica las cosas que hace con Lolita diciendo que luego le compra cosas. Que la lleva al cine. Que le enseña tenis. Y que de esa manera está "velando" por su felicidad. SPOILER: [A cambio de que luego ella (ella, una niña de 13 años, les recuerdo) le brinde ciertos placeres.] Repugnante.

Y Lolita, por otro lado, es un personaje tan vacío de psicología alguna que esa necesidad de protegerla que me mantenía enganchada en la primera parte del libro fue desapareciendo para convertirse en indignación por el modo en que el tema de la pedofilia fue tratado.
Y ya no sé cómo seguir expresando mi furia hacia esta cuestión sin caer en más spoilers, así que vamos a aquello que sí disfruté, y mucho, de este libro: la prosa de Nabokov.
"Por favor, lector: a pesar de tu exasperación contra el tierno, morbosamente sensible, infinitamente circunspecto héroe de mi libro, ¡no omitas estas páginas esenciales! Imagíname: no puedo existir si no me imaginas. Trata de discernir a la liebre en mí, temblando en la selva de mi propia iniquidad; y hasta sonríe un poco. Después de todo, no hay nada malo en sonreír."
¿Cómo no perdonarle todo a un autor que se dirige así, directamente al lector? Este tipo de pasajes me hacían recuperar las ganas de seguir leyendo. Quería terminar el libro para encontrar hasta la última frase de este tipo, seductora a la vez que humilde y halagadora.
Perdón, ¿dije perdonarle todo? Claro que no puedo perdonarle todo. Me parece que por más que sea una obra de arte preciosa, esta novela debe ser tomada con mucha cautela. Los temas que trata son profundos e interesantes, pero son tomados con una simplicidad que me molesta mucho. Y lo peor es que esa simplicidad está disfrazada de lógica, y esa lógica parece coherente. Pero no es correcta, e implica la reivindicación de principios contra los que las mujeres hemos luchado desde hace siglos.

En conclusión: Lolita es una obra de arte, una novela plenamente disfrutable desde el punto de vista estético, pero que si buscás (como yo) algo que vaya un poco más allá, puede dejarte con gusto a poco o, como a mí, con una inevitable indignación.
Ser Harry Potter nunca ha sido tarea fácil, menos aun desde que se ha convertido en un atareadísimo empleado del Ministerio de Magia, un hombre casado y padre de tres hijos. Y si Harry planta cara a un pasado que se resiste a quedar atrás, su hijo menor, Albus Severus, ha de luchar contra el peso de una herencia familiar de la que él nunca ha querido saber nada. Cuando el destino conecte el pasado con el presente, padre e hijo deberán afrontar una verdad muy incómoda: a veces, la oscuridad surge de los lugares más insospechados.
Esta reseña va a ser mega larga, así que empecemos por el principio.

Es difícil hablar de lo que sentí cuando me enteré que este libro iba a salir, porque a pesar de que amo la saga, nunca quise otro libro de Harry Potter. O mejor dicho, nunca quise una continuación de Harry Potter, porque si Rowling quiere sacar otra saga sobre el primer ascenso de Voldemort no me quejaría en absoluto. Pero ¿una continuación? Es difícil. El arco argumental de Harry cerró de manera tan perfecta en el séptimo libro, que no estoy segura de que continuar con la historia sea una buena idea.

Pero por otro lado, who damn cares, right? Es otro libro de Harry Potter! Es un regreso a mi infancia y adolescencia. Es reencontrarme con viejos amigos. Es sentir, una vez más, la emoción y expectativa de abrir un libro nuevo, recién comprado y jamás leído, que dice "Harry Potter" en la portada.

Esa última es mi fangirl emocional interna hablando, que vive entre mi garganta y mi pecho, y es la que me obliga a hacer este tipo de compras compulsivas. Porque compré The Cursed Child casi en forma compulsiva, aun habiendo visto las opiniones negativas, aun sabiendo que quizás no podría terminar de leerlo porque sólo estaba disponible en inglés (por ahora), y que debería esperar a que salga la traducción. Pero lo vi en Book Depository a un precio tan ridículamente más barato de lo que está acá en Argentina (al menos $150 menos), que esa fangirl tomó el control de mi mano y le dio a "buy" antes de que pudiera pensarlo mejor.

Y al cabo de diez días, llegó. Y es hermoso.
(Photo by lifewithleigh)

La portada de la cubierta de por sí es hermosa, pero el libro en sí también lo es, cosa que no ocurrió con la edición ilustrada de Harry Potter y la Piedra Filosofal (que es simplemente azul, y no se ve el título por ningún lado). Las hojas, por otro lado, son más bien amarillentas y de una textura rugosa, y desprenden un olorcito a libro nuevo delicioso... Por lo que sí, la edición es preciosa.

Cuando empecé a leerlo me sorprendí de mí misma ya que en pocos minutos avancé 60 páginas sin la menor traba, por lo que el lenguaje es lo suficientemente simple como para que cualquiera con un nivel intermedio de inglés pueda leerlo. En las 330 páginas de la historia sólo consulté el traductor 3 veces, por lo que la lectura se me hizo fluida y amena.

La historia empieza directamente donde termina el epílogo, con Albus, James y Rose despidiéndose de sus padres para emprender el viaje en el Expreso de Hogwarts hacia el renombrado colegio de magia y hechicería. Todo es paz y alegría, hace 19 años que Voldemort ha muerto. Pero pronto las cosas empiezan a torcerse.

Y se tuercen mucho. Demasiado. Excesivamente demasiado.
Puedo entender por qué se ha dicho que The Cursed Child parece más bien un fanfic, y es que realmente lo parece. La historia es muy simple, muy superficial, y los acontecimientos saltan de uno al siguiente de manera un tanto abrupta, no hay pausas ni se le da tiempo al lector de digerir lo que sucede. Claro que, al ser un guión de una obra de teatro, puede que me estén faltando los recursos de telón y cambio de luces, música y escenario necesarios para ello. Habían cosas que me parecían salidas de la nada, y me pregunto si en lugar de leerla, mi experiencia con esta historia hubiese sido verla... Quizá todo cobraría otro sentido.

Sin embargo, hay cosas que me sacaron de contexto y, como ya dije, me daban la sensación de que estaba leyendo, si no un fanfic, una historia descolgada del resto de las novelas de Harry Potter. No estoy hablando del hecho de que sea un guión, porque yo misma al principio pensé que era eso, sino de que hay cosas que no coinciden con las reglas que Jo ha creado para su propio universo, y eso me pareció muy flojo teniendo en cuenta lo esperadísimo que fue este libro.

Un ejemplo (con SPOILERS) acá ➝ [Cuando Albus desaparece, Harry empieza a tener sueños como los que "solía tener" cuando Voldemort aún estaba vivo. Aparentemente, esto se debe a que Delphi está tomando poder y acechando a Albus. En uno de ellos, muy abstracto y mezclado con elementos del pasado del Harry, ve a Albus vestido con una túnica de Durmstrang en el Bosque Prohibido, y de pronto sabe dónde estará su hijo.
Hasta ahí bien. Pero el problema es que Albus todavía no había llegado al bosque, ni se había puesto la túnica de Durmstrang. Además, los sueños que Harry solía tener sobre Voldemort no eran abstractos, sino muy reales, y él veía la situación actual de Voldemort en el momento de su sueño o lo que Voldemort quería que viera, pero siempre en forma muy precisa. Harry no veía el futuro. De hecho, Harry tiene un "tercer ojo" muy poco desarrollado. Por lo que ese sueño me pareció que ignoraba los principios de la conexión entre el protagonista y el antagonista de las novelas. Sin mencionar que la conexión es específicamente entre ellos, por lo que no sé qué pito toca la hija de Voldemort ahí, pero bueno.] Si lo leyeron, entenderán que esto es excusable en un fanfic, pero en una historia OFICIAL de la saga... No puedo evitar enojarme un poco.
No estoy de acuerdo, sin embargo, con aquellos que dicen que no puede atisbarse la pluma de J.K. Rowling en la historia, porque, al contrario, creo que sin la intervención de ella todo podría haberse ido al traste.

Uno de los puntos más fuertes de la obra, desde mi punto de vista, es la caracterización de los personajes, y es ahí donde más veo la intervención de Jo. Harry, Ron y Hermione mantienen bien su esencia, y sus hijos están muy bien definidos. Lo mismo ocurre con la familia Malfoy. Las relaciones que se establecen entre todos ellos son, en su mayoría, muy realistas teniendo en cuenta lo que sabemos de ellos.

Un personaje importantísimo en la obra es, sin lugar a dudas, el escenario. ¿¡Qué!? Sí, el escenario. Es increíble cómo, con pequeñas descripciones en el guión, se hace participar a todos los elementos, que ni siquiera están definidos, pero que rodean a los personajes. El público, por otro lado, también tiene su mención. Hay muchos pequeños detalles que nos van recordando que esto es una obra de teatro, y te hacen dar la sensación de que estás ahí, viéndola, inundándote de emociones y viviendo lo mismo que viven los protagonistas de cada escena.

Como es una historia con muchas idas y venidas, creo que era de crucial importancia mantener el orden y la coherencia del hilo argumental. Y eso está muy bien logrado, ya que a pesar de que hay cientos de cambios de escenario, en ningún momento se pierde el norte de la historia. Y esto teniendo en cuenta que leer los cambios de escenario en una novela no es lo mismo que en un guión, donde sólo aparece al principio de la escena "Casa de Harry y Ginny. Cocina."

Otro punto fuerte, y donde también veo reflejado el trabajo de J.K. Rowling, tiene que ver con los valores que transmite la historia: amistad, familia, amor, género, son algunos de los temas que se tratan. El modo de ver el mundo de Jo está plasmada en muchos de los personajes, y también en la historia como conjunto.

Por último, tengo que decir que este libro me pareció un fanservice ENORME, muy enorme, y, además, muy obvio. Lo cual no tiene por qué ser negativo, al contrario: como fan, lo disfruté muchísimo. Cada guiño, personaje y situación que hacía referencia a grandes incógnitas o teorías fan, o incluso que brindaban un reencuentro con personajes que amamos, hacía que mi corazón diera un pequeño saltito en mi pecho.

En conclusión: con fallos y todo, The Cursed Child me pareció una continuación digna a la saga. Llena de magia y, sobre todo, de amistad, transmite los mismos valores que aprendimos de las novelas y va más allá, remarcando cuestiones de género que me parecieron muy acertadas. Todo se enreda y se desenreda otra vez, de manera limpia y ordenada. La magia lo envuelve todo, y las emociones todavía más. Por lo que me quedo muy contenta con esta lectura, pero espero que J.K. Rowling deje a Harry por fin tranquilo y, si quiere volver al universo, mire hacia atrás, porque los fans de los Merodeadores también queremos saber más.
Para treinta y cinco chicas, la Selección es una oportunidad que solo se presenta una vez en la vida. La oportunidad de escapar de la vida que les ha tocado por nacer en una determinada familia. La oportunidad de que las trasladen a un mundo de trajes preciosos y joyas que no tienen precio. La oportunidad de vivir en un palacio y de competir por el corazón del guapísimo príncipe Maxon.
Sin embargo, para America Singer, ser seleccionada es una pesadilla porque significa alejarse de su amor secreto, Aspen, quien pertenece a una casta inferior a la de ella; y también abandonar su hogar para pelear por una corona que no desea y vivir en un palacio que está bajo la constante amenaza de ataques violentos por parte de los rebeldes.
Es entonces cuando America conoce al príncipe Maxon. Poco a poco, se empieza a cuestionar los planes que ella había hecho para su vida y se da cuenta de que la vida con la que siempre soñó puede no poder compararse con el futuro que nunca se atrevió si quiera a imaginar.


The Selection es la historia de una adolescente llamada America, quien vive en Illéa, un país gobernado por reyes y organizado a partir de castas. Estas son 8, y cada una de ellas tiene una especialidad. America pertenece a la número 5, por lo que su familia no tiene mucho dinero, y su especialidad es el arte.
Lo que viene a conformar la trama del libro es lo que se llama "La Selección": el príncipe de Illéa llegó a la edad de casarse, por lo que se seleccionaron 35 chicas, una por cada provincia de Illéa, para presentarse como posibles candidatas a desposarlo. El príncipe tendrá que elegir entre ellas la más adecuada para convertirse en su esposa, princesa de Illéa y, más adelante, reina. Lógicamente, America queda seleccionada, y es aquí donde empieza la historia.

La idea resulta muy buena y atrapante, y es una historia entretenida, pero en mi opinión la autora podría haberla explotado mucho más. Sentí que faltaban elementos para hacer todo más real.

COSAS QUE ME GUSTARON
Me gustó la idea que la autora presenta. En el desarrollo de la historia, siempre parece que faltara más por descubrir de la vida de America en el palacio. Cuando terminé de leerlo, aunque tengo mucho de qué quejarme, este libro consiguió mantener mi curiosidad para seguir leyendo la trilogía.

COSAS QUE NO ME GUSTARON
*inhalar, exhalar* 
OK. Vamos por partes:
  1. Los nombres. Y no hablo sólo del de la protagonista (¿America Singer? Really!?), porque puedo acostumbrarme a algo tan petulante como America, pero una de las chicas se llama TUESDAY, for God's sake. Leí este libro en inglés, y cuando se nombró a este personaje por primera vez no entendí muy bien qué estaba pasando. Porque ese es otro problema: de pronto 35 personajes entran en escena, y la autora nunca se molesta en presentarlas. Simplemente las introduce en el medio de un párrafo, y dados los nombres rarísimos que tienen (también hay una que se llama Tiny) es difícil acomodarse a ello. Por esto, si sos hispanohablante, recomiendo leer este libro en español. De esta forma los nombres de los personajes resultan mucho menos ridículos.
  2. La falta de desarrollo en la trama. Cuando leí la contraportada de este libro, la idea que formula te hace imaginar un libro mucho más complejo. Es decir, America va a mudarse al palacio para pelear con otras 34 chicas por el amor del príncipe, y con él, la corona. Se puede desarrollar mucho más de algo así: intrigas políticas, sabotajes, espías, incluso yo esperaba que se introdujera algo en relación a los rebeldes infiltrándose en La Selección para derrocar desde dentro el poder monárquico. Pero no. The Selection es una simple y sosa historia de amor, con algunos elementos (poquísimos) de acción e intriga. 
  3. Esto es grave, en serio: ¿cuál era el conflicto/nudo de la historia? ¿America sintiéndose sola, confundida y fuera de lugar? Porque eso es todo lo que se desarrolla en el libro: los sentimientos de America. Y todo parece siempre tan fácil para ella. Nunca tememos que la expulsen de La Selección, nunca tenemos dudas sobre lo que va a pasar con su relación con el príncipe, ni siquiera tememos por su vida cuando los rebeldes atacan el castillo. Sobre lo único que hay dudas es sobre qué ocurrirá con Aspen una vez que America se va al palacio. Pero todo parece ir siempre en la misma predecible dirección, y eso era un poco cansador.
  4. Los personajes están muy poco desarrollados. Sé que todavía me faltan muchísimos libros por leer (por cierto, ¿cuántos libros lleva sacados ya esta mujer?), pero es que las imágenes de cada uno son súper unilaterales: está la chica malvada y hermosa, la tímida y dulce, la simpática y confiable, la tierna e infantil, etc.
  5. ¡Ding, Ding, Ding! ¡Tenemos una copia exacta a The Hunger Games! Solo le faltan los adolescentes peleando a muerte, lo cual es justamente la parte buena. Lo demás está todo: una mala relación con la madre, una hermana hermosa y ultra querible, una sociedad injusta, un gobierno absoluto (con el poder centralizado en una sola persona), un grupo de adolescentes encerrados y obligados a lucir hermosos, un conductor de televisión carismático y extravagante, un grupo de sirvientes-mascota dedicados a mantener acicalada a la protagonista... Y podría seguir con la lista pero no quiero aburrirlos.
En conclusión: no esperen demasiado de este libro. ¿Quieren lectura ligera? ¿Quieren una historia de amor con algunos elementos distópicos? Entonces lo recomiendo. Me pareció bueno visto de esta forma, pero no es lo que yo esperaba y mucho menos lo que te vende el marketing sobre él.
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